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El 'mochilero' argentino que se enamoró de una ibaguereña, tuvo un hijo y ahora canta en las calles de la ciudad

“La vida sin música, es aburrida. Siempre está presente en todo, es mi compañera de vida porque hay una melodía que acompaña a cada persona”, Néstor Mendoza.
Historias
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
El 'mochilero' argentino que se enamoró de una ibaguereña, tuvo un hijo y ahora canta en las calles de la ciudad
Foto: EL OLFATO

Néstor Alejandro Mendoza nació el 4 de junio de 1988 en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe Argentina.

Creció en el seno de una familia muy apasionada por la salsa y el tango argentino. Sin embargo, el único músico es él.

Aprendió a tocar la guitarra con ‘El Galgo’, un músico de folklore argentino. También, le enseñó un poco del canto.

“Con el tiempo fui adquiriendo varios profesores porque yo no estudié en ninguna academia, aprendí en el ‘andar’ de músico. De ir a alguna parte y encontrarse con un músico y ponerse a tocar”, contó.

Así aprendió esta arte, de los músicos callejeros y de la ‘universidad de la vida’, en la cual ha recibido las mejores lecciones durante sus 32 años.

Apasionado por los viajes, su sueño siempre fue salir de su país a ‘mochilear’. Y con el fin de informarse y leer experiencias de otras personas, entró en un grupo de ‘mochileros’ en Facebook, en el que conoció a personas que se dedicaban a lo mismo.

Un día mientras buscaba seguir su sueño, su sueño lo encontró. Le llegó una solicitud de amistad de la mujer que iba a cambiar su vida por completo. Tras un año de conversaciones entre aspectos culturales de cada país, él se apasionaba por Colombia y ella se enamoraba de Argentina.

Decidió en un momento que ya era hora de verla y le dijo: “Voy a ir, te quiero ver”. Y ella fue su motivación para empezar a cumplir el sueño que tanto anhelaba. 

Su familia en primer momento se opuso, le decían “eso queda muy lejos, estás loco”. Pero entre tanta insistencia, al fin logró convencerlos de que eso era lo que él quería para su vida.

Emprendió su camino el 13 de junio del 2019. Recorrió en bus cuatro países, y llevaba su vida entera empacada en una maleta de viaje.

Una vez en tierras colombianas, ella le brindó su ayuda, enseñándole a moverse por el país. Le dio un lugar para dormir, un plato de comida en su mesa cada día y, sobre todo, un apoyo incondicional. 

Estando instalado en Ibagué, y dejando fluir su vena musical, llegó a la carrera Tercera. Y desde entonces, la música ha sido un pilar muy importante para su vida, o como él dice: “La vida sin música, es aburrida. Siempre está presente, es mi compañera de vida porque hay una melodía que acompaña a cada persona”.

Mientras cantaba en la peatonal, también vendía empanadas argentinas frente al Conservatorio de Tolima. Y comenzó a plantearse un nuevo proyecto para abrir un restaurante de comida ítalo-argentina.

Aunque ese plan se vio interrumpido por un acontecimiento que sacudió al mundo: la pandemia del COVID-19. Desde allí, todos sus sueños se desplomaron como un avión de papel.

Después de estar cinco meses en aislamiento preventivo, los recursos y ahorros que Néstor tenía destinados para crear el restaurante, se le fueron para subsistir junto con a su esposa y su hijo de seis meses. 

Al terminarse el confinamiento, salió a vender agua en las calles para intentar recuperarse de este ‘golpe’. Pero al darse cuenta de que eso no era lo suyo, cogió su parlante, las pistas musicales y salió a deleitar a las personas con su música. Y mientras canta, vende los alfajores argentinos que él mismo hace, así se la ‘rebusca’. 

Actualmente toca en banda con la que llevan la salsa y la cumbia a cada rincón de la capital musical de Colombia.

Y espera que su meta de tener su propio restaurante se cumpla porque esta es su ‘segunda patria’.

“Estoy muy agradecido con Ibagué, las personas son muy cálidas y amables”, concluyó.

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