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El homenaje de José A. Sierra a Don Carlos Alvarado: "Dejó la vara muy en alto"

"Él no veía a los empleados como el colaborador que percibe la nómina quincenal o mensualmente, sino también, les abrió la posibilidad de darle casa propia a los trabajadores más antiguos en un lote que compró": José A. Sierra.
Historias
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
El homenaje de José A. Sierra a Don Carlos Alvarado: "Dejó la vara muy en alto"

El mejor negociante no siempre es el que más vende, sino el que mejor lo hace. Ese era don Carlos Alvarado, quien sembró sus primeros ‘pinos’ como comerciante en Ibagué por medio de José A. Sierra, con el que sostuvo una amistad de casi 50 años. 

Alvarado llegó a la capital tolimense hacia los 90' huyendo de la violencia que se vivía en el sur del Tolima para ese momento.

Al llegar, se encontró con Sierra, quien fue su primer apoyo en la ciudad. Y como don Carlos siempre fue un “un batallador total”, le propuso la idea de crear un supermercado, pero apostarle a eso no era conveniente para el distribuidor, ya que proveía productos de grandes marcas a los supermercados locales y estos lo considerían ‘competencia desleal’.

Sin embargo, don Carlos continuó con su visión de abrir un supermercado y de allí nació el primer Mercacentro de la ciudad, ubicado en un local de la 14 con Primera. Este primer punto se lo vendió don José A. para que comenzara a consolidar lo que se convertiría en una de las más exitosas cadenas de supermercados.

Así pues, Mercacentro comenzó a crecer de manera exponencial. Dos años después de adquirir el primer local, compró otro en la calle 21 entre carreras Tercera y Cuarta.

A partir de allí, “la marca Mercacentro se convirtió en una marca independiente, pero de mucho reconocimiento a nivel nacional. Los proveedores nacionales e internacionales lo supieron y por eso tenían que estar ahí”, contó Sierra.

Asimismo, aseguró que el éxito de la cadena se lo debía a cualidades de Alvarado como: la habilidad en la compra, los precios justos, el pago oportuno a sus trabajadores, el buen trato a las personas, al apoyo a los proveedores locales y al rápido pago a los campesinos.

“Él le aportó al Tolima en lo empresarial, lo comercial, en lo social, pero, sobre todo, en la generación de empleo. Él no veía a los empleados como el colaborador que percibe la nómina quincenal o mensualmente, sino también, les abrió la posibilidad de darle casa propia a los trabajadores más antiguos en un lote que compró. Él iba más allá. Se quitaba el pan de la boca para dárselo a otro”, dijo.

Como bien se ha dicho, era un ‘berraco’. Y a pesar de no haber sido una persona muy estudiada, su ‘don de gente’, su bondad y sus valores, lo ayudaron a crecer en el mercado.

“Manejaba milimétricamente los inventarios. Tenía la mercancía necesaria para vender y para recomprar”, señaló Sierra.

Como persona y como comerciante, aportó mucho al Tolima y ‘dejó la vara muy alta’.

Este admirable empresario, que siempre será recordado como una persona que aportó a la región, entregó su vida a contribuir en la construcción de una economía sólida para Ibagué, pero también fundamentó las bases para ser exitoso, no solo a nivel profesional, sino también en lo personal.

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