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Él es Diego Campos: el tolimense que conquistó un premio internacional en Italia a través del café perfecto

Aseador de un colegio, vendedor en la plaza, maestro de obra y, luego, campeón internacional. Así fue como este barista lo logró.
Historias
Autor: Juan Esteban Leguízamo
Autor:
Juan Esteban Leguízamo
Él es Diego Campos: el tolimense que conquistó un premio internacional en Italia a través del café perfecto

¿Qué historia cargan detrás los campeones mundiales? ¿Cuál fue el detalle decisivo que los hizo tomar el camino que los tiene donde hoy están? La del tolimense Diego Campos, al menos, tiene que ver con el rebusque y asegurar el pan de mañana, porque trabajó como aseador de un colegio, vendió verduras en una plaza de mercado, despachó en tiendas y fue maestro de obra.

En ese ‘frentear’ la vida a como dé lugar, encontró el destino que lo llevaría a demostrarle a un par de jueces, en Italia, que era el mejor entre los mejores en el arte del barismo (que consiste en elaborar bebidas a partir del café, usando leche, esencias o alcohol, buscando la perfección). Esta es la historia de cómo lo logró.

Diego Campos nació en El Espinal como un niño promedio de cualquier municipio: sin garantías. Y como es obvio, a muy temprana edad, sus obligaciones fueron estudiar y trabajar al mismo tiempo.

“Desde los cinco años apoyé a mi mamá en la plaza de mercado. Verduras, limones, maíz, sorgo, mangos. Ella siempre nos dijo que tocaba dedicarse a algo para salir adelante y así aprendí mi propio significado de la vida: de cómo y por qué hacer las cosas bien”, indicó.

Es decir, trabajar y aprender parecían ser, con su mamá, la misma cosa. Aún mucho tiempo después, ella sigue dando de qué hablar.

“Ella tiene una venta de empanadas al frente de su casa porque, según dice, esta es una forma en que siente que no depende de nadie. Por más que le insistimos que deje su puesto, se niega porque eso la hace feliz”, manifestó.

En los tiempos más duros, fueron aseadores de un colegio privado porque, además, Diego no era el único: otros cuatro hermanos suyos recibieron estudio y universidad por cuenta de ella y su esfuerzo.

“Fue una batalla difícil cumplir con dos labores al mismo tiempo en el bachillerato. Me frustraba no hacer muchas de las cosas que mis compañeros hacían, como pasear y departir. Después de la frustración llegó el miedo, mis compañeros la tenían clara sobre qué hacer al graduarse y qué hacer con su vida… yo no”, sostuvo.

En 2006, Diego terminó como bachiller. A partir de entonces se mantuvo realizando trabajos informales y fugaces en supermercados y obras de construcción. Fue gracias a su hermana que obtuvo un trabajo, en Bogotá, donde se acercó por primera vez al café y el barismo, en 2008.

“Nosotros no somos una familia caficultora y nunca habíamos tenido una relación con el café. Pero yo acepté porque la capital es vista como una oportunidad para surgir. Y encima aproveché y comencé a estudiar publicidad y diseño”, recordó.

Sin embargo, era una jugada riesgosa. Estudiar y trabajar no era sano para su mente ni su sueño y tampoco era la misma experiencia, dura pero manejable, que vivió durante su infancia. Aquí estaba solo y debía costearse sus propios estudios y transportes.

“En el trabajo yo tenía un rol muy operativo: debía poner el café en este lado, molerlo, empacarlo en grano y despacharlo. Así trabajé un tiempo hasta que tuve que abandonar uno de los dos”, dijo.

Y agregó: “El señor Luis Fernando Vélez (que es como el padre del café para mí y muchas personas en Colombia) me dijo: es su decisión, deje de desgastarse como lo está haciendo, deje la universidad y sea un profesional en el café. Aquí puede aprender, pero ese aprendizaje depende de usted”.

Entonces comenzó a catar y distinguir los distintos tipos de café para una mezcla. Conoció de la calidad del agua, la dureza, el pH, las cafeteras italianas, de filtro, espresso. Empezó a observar las competencias de barismo y a ser profesional poco a poco.

Tanto así que participó en el Campeonato Colombiano de Baristas que todos los años se celebra en Bogotá.

“Participan alrededor de 60 competidores. El ganador representa al país en el World Barista Championship. Yo gané en tres ocasiones la competencia nacional y participé tres veces internacionalmente, en 2015, 2017 y 2021, siendo esta última la consagración, en Milán, Italia”, explicó.

Las pruebas son feroces. En 15 minutos se deben preparar cuatro bebidas con leche, cuatro de espresso y cuatro ideadas por el propio barista. Más de 13 años de experiencia fueron puestos a prueba en esos escasos minutos.

Al final, Diego se impuso sobre los competidores de Estados Unidos, Australia, Suiza, Kenia e Irlanda (alguno de ellos, por cierto, usaron café de Colombia para sus bebidas). Los medios registraron la hazaña el pasado 26 de octubre, pues se trató del primer colombiano en la historia en alcanzar el podio.

Ahora, mirando hacia atrás, Diego piensa en su madre y el significado de la vida que le enseñó cuando niño: que solo trabajando con el corazón la vida depara un gran destino a quienes saben esperar con paciencia.

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