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El emocionante relato detrás de 'Un beso a mamá': una fotografía captada por un ibaguereño

Una historia que nos enseña y nos recuerda lo afortunados que somos de poder pisar la misma tierra que los animales.
Historias
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
El emocionante relato detrás de 'Un beso a mamá': una fotografía captada por un ibaguereño
Foto: Cortesía / Ernesto Obando

Algunas veces quisiéramos congelar en nuestra mente momentos únicos, de esos que no se repiten otra vez. Quizá esa sea la razón por la que existen las cámaras: para ayudarnos a recordar con claridad eso que creemos olvidado. 

Ernesto Obando, fotógrafo ibaguereño, logró capturar uno de esos instantes que vale más que todo el oro del mundo: una osa de anteojos en intimidad con sus dos cachorritos. 

No es un secreto que detrás de cada imagen se oculta un 'behind the scenes', por ello, Obando y yo les contaremos cómo logró llegar hasta 'Un beso a mamá'. 

"Soy aficionado a la fotografía de la naturaleza, y en busca de eso, viajo por Colombia y el mundo (...) Entonces cuando tú estás buscando fotografías, pues encuentras lugares donde hay fauna silvestre y te vas allá en las épocas, las zonas o las temporadas para fotografiar estos comportamientos especiales", explicó. 

Y así fue justo como lo hizo. Luego de varias semanas viendo videos y fotografías de una osa y su osezno en el Parque Nacional Natural Chingaza, empacó su maleta, su equipo y su espíritu aventurero, y se dirigió hacia allá. 

"Hace dos años logré hacer una foto de esa osa con el pequeñito allá, y justamente la volví a ver ahora. Por eso dije: me voy para Chingaza", indicó. 

Allí consiguió a Luis Jaime Alméciga, un guía que habita en esa zona desde hace más de 50 años, y que se dedica, junto con su familia, a contribuir a la conservación de las especies de flora y fauna del Parque. 

"Nos encontramos con Jaime y nos dirigimos hacia allá. Por las fotos y videos, yo ya sabía la zona en la que estaba la osa, y llegamos a buscarla", sostuvo. 

Sin embargo, la suerte no corrió a su favor, pues era la primera hora del viernes cuando el cielo se encontraba nublado, pero entre las nubes, milagrosamente, apareció un oso de anteojos. 

"Esto fue súper importante porque liberó la presión que tenemos los fotógrafos de la naturaleza, encontrar los animales. Entonces, en ese momento, yo les grité a mis compañeros: ahí hay un oso, y luego de mil intentos por mostrárselos, al fin lo vieron", contó con emoción. 

Los tres hombres comenzaron a acercarse poco a poco en el carro y se detuvieron justo en frente de él. Aunque era imposible fotografiarlo por las condiciones climáticas, querían contemplarlo mientras comía. 

"Estuvimos tal vez unos 15-20 minutos con este oso, hasta que pasó un camión y salió huyendo despavorido. Luego, fuimos a la zona donde yo quería buscar a la osa con su osezno", dijo. 

Pasaron treinta minutos, una hora, dos horas, pero no había rastro de la osa, por lo que decidió iniciar con su 'ritual' habitual para atraer a los animales. 

“ Yo le empecé a hablar. Le dije: tranquila, yo te amo, no te voy a lastimar, es solo una foto, regálame un momento, mírame”, contó. 

Después de unos minutos, sus palabras se convirtieron en realidad. Estaba la mamá osa, esta vez no con uno, sino con dos oseznos. 

"Estuvimos compartiendo con ella durante dos días, es decir, hasta el domingo en la mañana. Ese día ocurrió un momento súper especial. Más o menos a las 11:00 de la mañana cuando la encontramos, empezamos a intentar fotografiarla, pero ella se asustó con sus oseznos, se los llevó, dio una vuelta por ahí y luego regresó", expresó 

Así pues, con una distancia de 30 metros y una cámara que, según él, no era la mejor, empezó a retratar todo lo que tenía ante sus ojos, algo que lo llenó de emoción hasta el punto de querer llorar. 

"Primero los chiquitos empezaron a jugar alrededor, y ella empezó como a regañarlos. Luego vinieron a jugar alrededor de ella. Después, empezaron a mostrarle cariño, y a consentirse entre todos", narró alegre. 

Continuó con su relato: "en un momento, la mamá los amamantó y se quedaron dormidos los tres. Ella los tenía abrazados y, cuando alguno se caía, ella lo volvía a abrazar". 

Obando, su amigo y el guía estaban completamente en silencio, con la piel erizada, anonadados, observando ese acto de amor entre una madre y sus pequeños, valorando cada milésima de segundo que les había entregado y que él había retratado con su cámara.

"Esta situación fue súper especial. Creo que siempre la voy a tener en mi mente. Esta es un área protegida, y el mensaje es a la conservación de las especies", explicó. 

Y agregó: "este momento que fue muy íntimo, y yo lo logré porque supe esperar. Si yo doy más pasos al frente para estar más cerca y hacer una mejor foto, pues ella probablemente siga nerviosa y se vaya, entonces fue también un regalo que me dio, pero también un reconocimiento, una compensación que me dio a mí por el respeto por ella y por sus chiquitos".

Una fotografía bastó para que el ibaguereño congelara un momento único, de esos que no se repiten otra vez. Esa seguro es la razón por la que existen las cámaras: para ayudarnos a recordar el momento en el que una osa y sus cachorros protagonizaron 'Un beso a mamá'. 

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