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De trabajadora doméstica a licenciada en educación: esta es la historia de tenacidad de Luz Myriam Guzmán

El mejor error que pudo cometer Myriam fue creer que no estudiaría nunca. Ella buscó su propio destino y hoy es especialista en 'desarrollo integral de la infancia y adolescencia'.
Historias
Autor: Juan Esteban Leguízamo
Autor:
Juan Esteban Leguízamo
De trabajadora doméstica a licenciada en educación: esta es la historia de tenacidad de Luz Myriam Guzmán

Cuando se graduó de bachiller, en 2013, Luz Myriam Guzmán tenía muy claro que lo siguiente en la vida era trabajar duro y asegurar el pan de mañana.

Empujada por las condiciones difíciles, recogió café, se hizo empleada doméstica y, sin embargo, llegó a dormir diariamente tres horas para sacar adelante una carrera universitaria. Esta es su historia.

A los 17 años, Luz Myriam cosechaba café en una finca de una vereda en Planadas. Recién se había graduado y le había manifestado a sus padres que, a la primera oportunidad, migraría a Ibagué en busca de su propio destino.

“Yo no pensaba en estudiar. La economía no le permitía a una aspirar a una carrera profesional, eso es para gente de la ciudad. Y un día un profesor –que me había dado clases– me llamó para una oferta de trabajo en Ibagué como empleada doméstica. Yo acepté sin pensarlo”, manifestó.

Lo que Luz Myriam no sabía era que ese trabajo le duraría ocho años y, tampoco, que aquella persona que la contrató sería la razón por la que estudiaría una licenciatura en pedagogía infantil en la Universidad del Tolima.

Esa persona, a quien llamaremos Claudia, se convirtió en su ángel guardián. Tenía, además, un cargo directivo en el campo de la enseñanza y la hizo parte de su propio experimento educativo de cambiar una vida por fuera del aula.

"Más qué trabajar usted llegó a estudiar, me decía. Siempre me presionaba cariñosamente para estudiar algo. También aprendí muchísimo porque le ayudaba en sus labores pedagógicas", dijo.

Fue así como Myriam llegó en 2015 al campus de la UT, impulsada por su deseo de aprender a enseñar, y con nervios, porque ahora debía rendir cuentas a dos partes.

“Alternaba trabajo y estudio. Me levantaba a las 3:00 de la mañana y adelantaba todo lo que podía. Iba a prácticas de 7:00 a 11:00 de la mañana. Salía corriendo a la casa y terminaba de hacer los quehaceres y en la noche hacía mis trabajos hasta la hora que alcanzara, tipo 12:00 de la noche".

En pandemia, sin embargo, la situación fue más fácil: hizo dos diplomados en inclusión educativa y otro en neuro-psicopedagogía. Terminó, además, una especialización en desarrollo integral de la infancia y adolescencia –costosa por cierto, que pagó peso por peso con el sudor de su frente–.

La virtualidad ayudó mucho, aunque el logro tampoco fue posible sin su tesón y empeño: a partir de cuarto semestre recibió una beca que sostuvo hasta finalizar la carrera (ni más faltaba, su objetivo siempre fueron las calificaciones altas).

Pero el obstáculo más difícil no fue el tiempo, la energía o las notas, sino la suma de todas ellas cuando le detectaron un tumor en el seno.

Atravesó un proceso de dos años de supervisiones exasperantes y pensó en rendirse para siempre, claudicar, buscar un escape, pero se mantuvo en firme y empujó con fiereza hacia adelante.

Los médicos, luego de varios estudios, resolvieron operar el tumor y la intervención quirúrgica fue un éxito.

En 2021, Myriam por fin pudo obtener su diploma como licenciada en pedagogía y, después, como especialista en desarrollo integral de la infancia y adolescencia.

El mejor error que pudo cometer Myriam fue creer que no estudiaría nunca. Da gusto equivocarse de esa manera. Ella –con su tenacidad- supo ver, mucho antes que nosotros, lo que la vida depara a quien sabe luchar.

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