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De Ibagué a Panamá: así un pianista del Conservatorio conquistó en el exterior y pisó la gala de los Grammy Latinos

“De niño quería vivir de la música y ser un concertista”, dijo Eduardo Charry, y lo logró. Esta es la historia detrás de ese destino.
Historias
Autor: Juan Esteban Leguízamo
Autor:
Juan Esteban Leguízamo
De Ibagué a Panamá: así un pianista del Conservatorio conquistó en el exterior y pisó la gala de los Grammy Latinos

¿Quién no tuvo un sueño durante la infancia que deseó materializar a toda costa? Médicos, astronautas o músicos. Para una gran mayoría de nosotros, estas ideas fueron abandonadas y murieron por presupuesto, realismo, falta de garantías o miedo al fracaso.

Pero hay excepciones a la regla, y esa es justamente la historia de Eduardo Charry: un músico que pisó el Conservatorio del Tolima a los 10 años, sin saber que –mucho tiempo después– sería nominado a la gala de los Grammy Latinos en Las Vegas, Estados Unidos. “De niño quería vivir de la música y ser un concertista”, dijo, y lo logró. Esta es la historia detrás de ese destino.

“Llegué al mundo de la música siendo muy niño, porque hice el bachillerato musical (con una duración de 8 años) en el Conservatorio del Tolima. Yo empecé con el violín y luego conocí el piano, porque era un instrumento obligatorio en esa época”, indicó Charry.

Al graduarse, hubo un gran paréntesis en su vida como artista. En lugar de continuar con la música optó por el Ejército y prestó servicio militar. Luego estudió ingeniería civil y ejerció durante cuatro años.

De pronto, como si se tratara de un llamado, retomó el camino que lo convertiría en el protagonista de esta historia.

“Trabajaba como ingeniero, tocaba los fines de semana y de pronto se me presentó la oportunidad de tener una experiencia musical en Panamá por tres meses”, manifestó.

Pero esos tres meses se convirtieron en 18 años. De principio a fin, se codeó con importantes compositores y artistas que seguramente usted ha escuchado en la radio incontables veces y que lo llenan de nostalgia.

“Al comienzo, como es obvio, no me conocía nadie. Empecé a tocar en bares y restaurantes. Con el paso de los años, la gente se empezó a fijar más en mí. Tuve la oportunidad de tocar una vez con una banda llamada Los Rabanes, que ganó un Grammy en el 2007. Trabajé con muchos artistas de pop y salsa. Pude conocer al maestro Rubén Blades y ensayar con su banda”, sostuvo.

Luego agregó: “Panamá es un país pequeño, pero tiene un gran potencial artístico. Trabajé con algunos de los artistas más importantes del país, por ejemplo, Omar Alfanno, quien ha compuesto canciones para Marc Anthony o Gilberto Santarosa. Es uno de los compositores latinoamericanos más famosos. He trabajado para él como pianista y somos amigos. También con Cheo Feliciano, David Pavón, Eddie Santiago, Erika Ender y Sammy y Sandra”.

Pero faltaba más para llegar a la cumbre. Fue llamado para ser director musical de una banda panameña de folclore fusión llamada 'Afrodisíaco', donde daría el siguiente paso de su ambición.

“El director musical es la pieza que se encarga de coordinar toda la banda, todos los músicos y todo lo que va a pasar con el sonido”, explicó Eduardo. Asumiendo esas funciones, participó junto a su banda en el Festival Viña del Mar (celebrado en Chile) en 2016 y se enfrentó a otros seis países del continente en tarima, frente a un mar de gente.

“Nosotros ganamos la gaviota de plata en el festival. En ese momento solo habíamos grabado una canción, y con esa ganamos. Además, también obtuvimos un premio económico y pudimos grabar un álbum completo de 10 canciones, en Panamá”, relató.

“Me hice cargo también de la producción y dirección musical de ese álbum. Ya en 2018, con el disco completo, fuimos nominados a mejor álbum folclórico en los Grammy Latinos”. Allí se enfrentaron a gigantes musicales como Natalia Lafourcade.

“No ganamos, pero tuvimos la experiencia de estar en Las Vegas, conociendo cómo funciona desde adentro la industria musical, conociendo grandes artistas de Colombia y Latinoamérica”, recordó Eduardo.

Tras alcanzar esa cumbre, decidió buscar otra y apostar por una combinación de la música y la actuación.

 “Después de los Grammys, salí de la banda por diferencias con los integrantes y decidí, en 2018, trabajar en el teatro musical. Es una combinación de baile, actuación y canto. La primera obra que hicimos habla de la separación de Panamá y Colombia, y fue un éxito total”.

“Para ese musical escribí y arreglé más de 20 canciones. Fueron 15 funciones en sold out (venta total). A raíz de eso, gané un premio en Panamá llamado Escena, entregado a la mejor canción original para teatro”.

Seguidamente, realizó otro musical llamado: solo las estrellas bastarán, que trata sobre la invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989. “Hicimos 23 funciones desde marzo a abril de este año y también fueron un éxito”.

Gabriel García Márquez decía que toda vocación era un llamado, y fue eso mismo lo que pasó con Eduardo Charry, desde su primer paso en el Conservatorio, en Panamá, en los Grammy's y el teatro musical. Su historia y su obra demuestran cuál es el destino que aguarda a quienes saben esperar con paciencia y tenacidad.

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