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“Creen que ser una mujer trans es ponerse tetas y llamar la atención, y no es así”: Diane Camile

Diane Camile lleva dos años intentando que a través del régimen subsidiado le sean garantizados los procedimientos médicos para tratar su disforia de género. Su proceso ha sido difícil.
Historias
Autor: Redacción Ibagué
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Redacción Ibagué
“Creen que ser una mujer trans es ponerse tetas y llamar la atención, y no es así”: Diane Camile

Diane Camile Borja García, con tan solo 22 años, no la ha tenido fácil. Ha aprendido de leyes de forma empírica para tener acceso a medicamentos y procedimientos, cumplir su sueño y reafirmar su sexo como mujer trans.

Diane vive en Rovira, y se ha tenido que valer del acompañamiento de la Personería y la Defensoría del Pueblo para que, a través de una acción judicial, la EPS Asmet Salud le garantice las hormonas que le permitan mantener su feminización, al igual que las cirugías para llevar a buen término su proceso.

Pero ni un fallo de tutela (emitido por el Juzgado Tercero Penal Municipal de Ibagué contra la EPS en enero del año pasado) le ha servido, pues ha encontrado numerosas trabas por parte de la entidad y del personal médico. 

"Una persona trans en Colombia tiene que saber de psicología, de leyes, de autosuperación, de todo, porque o si no te mueres o, tienes que tener plata o, ser trabajadora sexual para costearte las cirugías", dice Diane.

En esa situación, lleva más de dos años luchando contra el sistema de salud. Ha sido remitida en más de cinco oportunidades a psiquiatría, más de tres veces al cirujano plástico, maxilofacial y hasta fonoaudiología y todo, para repetir el ciclo.

“La primera vez la EPS me negó las hormonas porque no eran aprobadas por el Invima. Esas hormonas costaban $147.000 en su momento y yo no tenía la plata. Con ganas de cambiar, me endeudé, conseguí la plata y empecé a hormonizarme. Al mes, vi un cambio absoluto y no me importaba que me gritaran gay, marica, cacorro, mi día a día era eso”, recordó Diane.

Ella no sueña con tener implantes de silicona, solo quiere sus que se le practiquen sus tres cirugías: feminización de facial, de voz y reafirmación de género.

“Desde que empecé mi feminización dije que quería mi cuerpo lo más natural posible, no quiero implantes de mama. Cuando fui al cirujano plástico me preguntó qué pensaba de los implantes mamarios, le respondí que –por mí– no me ponía esa silicona y me respondió que yo no estaba en un cuerpo equivocado", dijo. 

Y agregó: "Yo le contesté que era mi cuerpo, pero no reflejaba lo que yo era y lo que hizo fue burlarse de mí y escribir que no sabía para dónde iba y me remitió a psiquiatría y ahí quedó todo”.

Posterior a esto, fue remitida nuevamente al cirujano, quien insistió en los implantes mamarios. La EPS negó el procedimiento por ser estético.

Sin plata, sin trabajo y discriminada

Diane Camile Borja tuvo su orquiectomía (estirpación de testículos) el 17 de febrero del año pasado. Producto de la cirugía duró incapacitada un mes.

En aquella época, llevaba cuatro años trabajando en un supermercado como cajera, donde fue discriminanada. Consciente de los riesgos y los cuidados que debía tener tras la intervención, optó por renunciar.

"Los clientes me trataban como se les daba la gana, mis compañeros se burlaban y yo no podía decir nada, el nombre no me lo respetaban y lo único que me decían era que yo era una cosa", contó.

Tras quedar cesante y con los gastos de la cirugía por delante, los ahorros de su liquidación los guardó para cumplir las citas con cirujano plástico, endocrino, fonoaudiólogo y maxilofacial.

"En el 2020 no había plata para mis citas médicas, los pocos ahorros que tenía, eran para viajar a Ibagué, pero me tocaba aguantar hambre y me iba a pie hasta la iglesia del Carmen (Interlaken) y de ahí hasta Mirolindo, todo porque era mi sueño y no me importaba caminar dos o tres horas y que los hombres me chiflaran y me dijeran babosadas", narró con voz entrecortada y sollozante.

Diane no cuenta con la ayuda de su padre ni de sus tres hermanos, pues no aceptan su transformación física. Su madre falleció cuando eran pequeños y de quien recibe apoyo es de su abuela.

"Yo solicité transporte en el mes de mayo y la EPS me lo negó, diciendo que yo ya había cumplido 18 años y que ya sea papá, mamá o un pariente tenían que ayudarme. Pero cómo le iba a decir a mi papá que me diera para el transporte si lo que me iba a decir era 'para qué se metió en eso, si nació así, tenía que aceptarse. Mi familia me trata como se le da la gana. Gracias a Dios, tengo a mi abuela que es la que me da la comida y la dormida que es lo más importante", sostuvo.

Otra batalla

Diane Camile está convencida que todo lo que ha tenido que pasar ha sido por falta de conocimiento en temas de género.

"Todo esto es falta de conocimiento, creen que ser una mujer trans es ponerse tetas y llamar la atención y no es así. Es una persona de carne y hueso que tiene sueños y que quiere decir: 'soy una persona y merezco el mismo respeto que tú'".

Diane cursa cuarto semestre de psicología a través de la virtualidad. Su codeudor es su abuela y sus recursos son limitados. A diario debe soportar ser estigmatizada, pero eso no la ha detenido para alcanzar sus sueños.   

"Lo primero que me dijo mi abuela cuando le dije que necesitaba un codeudor para estudiar fue que 'para qué iba a estudiar si iba a terminar dando cola en la calle' y eso me dolió mucho porque ese es mi mayor miedo: que me echen de la casa y tener que ejercer el trabajo sexual. Respeto a esas personas porque son unas berracas, pero yo, literalmente, soy la niña juiciosa de la casa, la que quiere luchar por sus sueños, así sea duro, pero no importa", concluyó.

Pese a todos los obstáculos y la estigmatización, Diane espera que la EPS autorice oportunamente el acceso a sus hormonas y la realización de las cirugías para cerrar este difícil camino.

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