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Con objetos del siglo XIX y XX, un coleccionista ibaguereño tiene su propio museo en casa

Armas, vinilos, bicicletas y vestuarios son algunas de las más de 1.000 joyas centenarias que atesora Víctor Mesa. Esta es su historia.
Historias
Autor: Juan Esteban Leguízamo
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Juan Esteban Leguízamo
Con objetos del siglo XIX y XX, un coleccionista ibaguereño tiene su propio museo en casa

Una gran ventana al pasado tiene el ibaguereño Víctor Mesa gracias al pequeño museo de antigüedades que construyó en su casa, durante una vida dedicada al coleccionismo.

Cascos alemanes de la Guerra Mundial, billetes del comienzo de la República, bicicletas del siglo XX y televisores a blanco y negro son algunas de las más de 1.000 joyas centenarias que ha atesorado como una cápsula del tiempo. Esta es su historia.

Víctor es bombero retirado, carpintero y coleccionista. Sin saberlo, desde muy joven cada uno de estos oficios lo ató al mundo de las piezas antiguas.

“Desde los 11 años fui bombero voluntario. Luego ingresé al Cuerpo Oficial y una vez rescaté de las llamas unos billetes chamuscados de diez pesos”, recordó.

“También fui carpintero y restauré muebles antiguos. Me gustaban como elemento decorativo y por eso comencé a buscar y adquirir teléfonos, radios, gramófonos y monedas”, agregó.

Su afición lo llevó a entrenar muy bien el oído y a prestar atención a cualquier oportunidad en remates, viviendas a punto de ser demolidas y al amigo de un amigo que mencionaba una reliquia, para encontrar objetos invaluables como los que hoy conserva.

“Tengo un fusil de la guerra civil de Colombia, de 1874. Es una de las piezas que admiro muchísimo. Tengo el Radio Sutatenza, de 1940, con el que se alfabetizaron miles de campesinos. Tengo un billete de dos pesos que, hasta donde sé, solo existen cuatro ejemplares en el país (dos los tiene el Banco de la República, otro un coleccionista en Medellín y otro que tengo yo)”, indicó con orgullo.

E incluso, conserva una que otra pieza remota que él considera un ‘cachivache’, como los cepillos de carpintería que fueron utilizados en la construcción del Teatro Tolima.

Es por eso que Víctor se define como un cazador de objetos antiguos y viaja los fines de semana a recopilar piezas en los pueblos o los alrededores de la ciudad.

“Me gusta hablar con las personas de la tercera edad que, por lo regular, tienen sus objetos guardados, olvidados o ignorados en casa. A veces me siento en un parque y hablo con personas del tema, para conocer la historia de sus posesiones”, manifestó.

Para hacer rentable su afición, Víctor comenzó a vender las piezas acumuladas a los mejores postores que se enamoraran de ellas, como el caso de una pistola de la Segunda Guerra Mundial, una Luger (alemana) de 1940.

Y para los que no pueden permitirse adquirir tales objetos, ha realizado exposiciones en centros comerciales de la ciudad, a fin de impresionar a los curiosos.

“En el Centro Comercial Acqua hicimos el primer evento de numismática (monedas antiguas) de Ibagué. También uno en Multicentro con algunas de las 58 bicicletas clásicas que conservo (la más antigua es una Hércules de 1910)”, indicó.

Sin embargo, aseguró que el trasteo y el costo de mover, por ejemplo, 100 objetos frágiles y millonarios, necesita de apoyo institucional.

“Me gustaría hacer un llamado a la Alcaldía y el organismo de cultura para recibir su apoyo y abrir el primer museo de bicicletas clásicas en Ibagué”, sostuvo.

Y agregó: "Si alguien le interesó un objeto o desea apoyar la causa puede llamar al número 310 879 8122".

Víctor está a la espera de este respaldo para que su museo pueda quedar completo, ya que cada una de las más de 1.000 piezas que posee necesitan dos cosas fundamentales: un cuidado especial y alguien que las contemple o quede boquiabierto. 

Y no es para menos: máquinas de escribir, cámaras fotográficas de rollo 110, vestuarios antiguos, los primeros radios de tubo que llegaron a Colombia son otros de los objetos que Víctor conserva como un tesoro personal y, en perspectiva, como uno colectivo.

Porque estas piezas son cápsulas del tiempo: permiten dar un vistazo al pasado y preguntarse qué historia tienen para contar y qué manos la tocaron antes de estar ahí, frente a nosotros.

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