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Arquitecta ibaguereña se abrió camino en Australia pintando mandalas en murales

Este es el relato de María José Escárraga, una mujer cuya historia es digna de leer con un cafecito en la mano, al mejor estilo colombiano. 
Historias
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
Arquitecta ibaguereña se abrió camino en Australia pintando mandalas en murales

¿Alguna vez han oído sobre el efecto mariposa? Si no, esta es la ocasión perfecta para hacerlo, pues María José Escárraga (@sun_mandalas_) tiene una historia de esas que son dignas de abrir la boca. 

Ser una mujer en el arte –como Frida Kahlo a quien reconocieron más por su vida que por sus obras– ha sido un reto al que se ha enfrentado a(r)mándose. 

“Entre más oscuro era el camino, más brillante veía la salida”, contó la joven, de 26 años, al recordar cómo empezó a pintar la obra más difícil: su propia vida. 

“Mi primera aproximación al mundo del arte fue a una edad muy corta, ya que estudié en el Liceo Musical Santa Cecilia, donde obtuve formación musical en flauta traversa, piano y canto (…) Después, pasé al Santa Teresa de Jesús, allí cursé todo el bachillerato. Siempre sentí que era una persona muy creativa, pero no exploré mucho mis capacidades o habilidades”, dijo. 

Pese a su repentina, pero no eterna, lejanía con el arte, decidió tomar una determinación que definiría –en gran medida– el rumbo en el que su pincel pintaría en el lienzo. 

“Cuando terminé el colegio escogí la carrera de Arquitectura. Empecé a estudiar en la Universidad de Ibagué en el año 2014”, precisó. 

Sin embargo, aquí viene el efecto mariposa del que les hablé al inicio. Lean con atención: en la mitad de la carrera María José sufrió un accidente, el cual le ocasionó una fractura en el brazo derecho. 

“En mi proceso de recuperación tuve que aprender a hacer todo con la mano izquierda. Entonces, para practicar mi motricidad, me compré un libro de colorear mandalas. Así, básicamente, empezó mi obsesión por ellas”, sostuvo. 

Y agregó: “primero las pintaba, pero con el tiempo sentí que no era suficiente y empecé a dibujar las mías. Nunca seguí un tutorial o algún patrón, simplemente empecé a dibujar lo que para mí hacía sentido, pues, además, al estudiar arquitectura aprendes a usar reglas, escuadras, compás, transportador, etc”. 

Tener una red de apoyo emocional hizo que la joven artista se motivara a continuar, respetando los procesos que conlleva el aprender a hacer algo nuevo. 

“Mis amigos y familia me empezaron a expresar sus opiniones y todas era muy positivas.  Me pedían cuadros para sus cuartos, entonces empecé a tomarlo con más seriedad y a dibujar para vender”, señaló. 

Después de terminar la universidad, sus ganas de viajar y aprender un nuevo idioma fueron como el propulsor de un gran cohete, ese que iría rumbo a una experiencia inolvidable. 

“En el 2019 llegué a vivir a Australia. Abrirme camino en un país totalmente nuevo fue complicado, pero busqué la oportunidad de pintar un mural en el colegio donde estudié inglés. No me pagaron, pero me dejaron usar una pared allí y eso ya era suficiente para mí como recién llegada”, manifestó. 

Cargando el sobrenombre ‘Mandalas’ en su espalda, sus pasos se hicieron cada vez más firmes, pues su trabajo empezó a ser parte del voz a voz, o mejor, del ‘voice to voice’ en ese país extranjero. 

“Eventualmente, me llegaron ofertas para dibujar murales en restaurantes y cafés. También otras para hacer cuadros, pero honestamente no podría decir que vivía de mi arte, porque la verdad es que ser artista es la única profesión que requiere que tengas otro trabajo para poder dedicarte a ello”, precisó. 

Como si se tratase de la mismísima Barbie, María José tuvo diversos trabajos que le permitirían adquirir los elementos para continuar con sus obras. 

“Fui mesera, repartí flyers en la calle, trabajé en cocinas, eventos, limpiando y miles de cosas más que nunca me imaginé hacer, pero eso fue lo que me permitió poder mantenerme en Australia mientras que, en mi tiempo libre, dibujaba para poder vender mi trabajo”, expresó. 

Y es que nadie le dijo (ni ella lo hubiese creído) que el camino sería fácil. Sin embargo, la constancia y el amor por el arte la han mantenido a flote, cual Rose en la puerta del Titanic. 

“Me costó mucho mantener el ritmo de trabajo creativo que tenía en Colombia, pero no negaré que me dio mucha experiencia y pude pulir mucho mi trabajo”, precisó.  

El agotamiento físico y mental, las largas horas de trabajo, la falta de motivación y la lucha entre hacer lo que su corazón y mente quieren con lo que su cuerpo le resiste, son batallas que ella se permite tener de vez en cuando, pues en el cuadro de su vida los grises también son aceptados, eso sí, siempre con una taza de cafecito en su mano. 

Su proyecto a futuro es hacer una especialización en historia del arte, difundir el mensaje de sus obras, encontrar su identidad y, como ya lo hace, seguir siendo motivo para ‘sacar pecho’ como mujer, colombiana y artista. 

De ahí el efecto mariposa, ¿lo identificaron?: ¿Qué hubiese pasado si ese hueso no se fracturara? ¿Dónde estaría si no hubiese comprado ese primer libro de mandalas? Bueno, esas son dudas con las que ella no se quedó. 

“Hay que hacer arte para comunicar lo que somos, no para satisfacer lo que las otras personas alrededor nos piden. El miedo y la desesperación pueden convertirse en el mayor logro de sus vidas. Y así duela, entre más oscuro es el camino, más brillante es la salida”, concluyó. 

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