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Con el fallecimiento de Herbin Hoyos empieza a morir la verdad. Sin su voz y su fuerza muchas atrocidades cometidas por las FARC hubieran quedado sepultadas en esta carrera que llevan algunos sectores del país para presentarnos los crímenes del narcoterrorismo de la manera más aséptica posible.

Fue Herbin y las organizaciones de las que él hacía parte quienes develaron la esclavitud sexual a la que las FARC sometían a los niños y niñas que reclutaban. El liderazgo de Herbin sirvió para que FEVCOL presentará 4 informes ante la JEP donde se documentaron miles de reclutamientos de niños, múltiples casos de esclavismo sexual.

Además, apoyó el trabajo para descubrir las trampas de la JEP en Dabeiba creando falsos “falsos positivos”, encontrar fosas comunes de las Farc y recuperar muchos colombianos desaparecidos. Coadyuvó para interponer acciones contra las Farc en la Corte Penal Internacional.  Ese reclamo que le hizo Herbin al presidente Santos aún queda por resolver: 570 secuestrados por las Farc que no aparecieron después de la firma de la Habana. Ojalá la JEP se dignara examinarlo, como tantas otras cosas…

Herbin fue un hombre sin miedo. Un héroe en una tierra donde los valores se han tergiversado. Herbin debería ser un personaje muy grande para Colombia, y sin embargo, lo suyo fue el camino de las adversidades.

Mientras muchos que posan de defensores de derechos humanos, sin haber dado siquiera tres pasos del largo camino recorrido por Herbin, disfrutan de recursos nacionales e internacionales para sus causas; las de Herbin fueron austeras, luchadas, como él decía, con las uñas.

Su muerte me duele por él, que tenía tantos planes, por su familia y sus amigos que pierden un gran ser humano, pero me duele sobre todo por las víctimas y por Colombia. En esta patria donde nos falta tanto valor y valores perder un valiente deja una gran herida.

Herbin supo reconocer el dolor humano, alentar a las víctimas a hablar, cuando este país ha vivido silenciándolas. En muchos sentidos fue su voz, su micrófono, su determinación los que le permitieron a muchas víctimas salir del ostracismo en el que los sume la violencia. Su propósito tiene que continuar.

Debemos rescatar a las víctimas, devolverles su voz para que puedan contar lo que sufrieron. No importa quien fuera el perpetrador de la acción, Colombia debe pedir que todas las víctimas, todas, sean escuchadas. La voz es el símbolo de la denuncia, y es al mismo tiempo, la manera de dejar salir lo que está atrapado, de empezar a sanar.

Nota final: las declaraciones del “Ñoño” son escandalosas. Develan cómo se teje la corrupción. La escena de los funcionarios públicos negociando los contratos con las empresas privadas, cobrando coimas y enriqueciéndose en desmedro del progreso del país; es asquerosa. Me genera repulsión saber que esos dineros se usaron para alterar el resultado electoral de la elección presidencial.

Se compraron los votos que hacían falta para ganar. Le robaron a Oscar Iván Zuluaga la presidencia, y a Colombia la oportunidad de haber reconducido el rumbo, cuando los daños eran menores.

Dejen hablar a Ñoño que tiene todavía mucho que decir, como lo anunció. Informen al país en qué consiste el preacuerdo de Prieto con la Fiscalía sobre el que todavía no conocemos resultados. Que se investigue y salga todo a la luz.

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