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Expresar lo que pensamos y sentimos, no es delito

Quiénes se toman el tiempo de leerme sabrán que mi última columna ¿Qué tan cobardes son los hombres? Fue de las más cuestionadas y  aceptadas a la vez. Eso me hace entender que estoy haciendo algo bien y es el hecho de generar opinión.

Sin embargo si me causó mucha intriga ver cómo personas me escribieron de forma interna, e incluso en encuentros fugaces, para darme a conocer lo acertada que fui al escribir sin tapujos lo que yo pensaba, producto como dije, de experiencias propias y ajenas. Pero lo extraño era que no se atrevían a compartirla.

A raíz de lo anterior me empecé a preguntar, ¿por qué nos cuesta tanto expresar lo que pensamos y sentimos?... si es que somos dueños de nosotros mismos y somos los encargados de sacar de si todo aquello que nos pueda perturbar la paz, la tranquilidad y la evolución espiritual. Para avanzar es siempre necesario dejar salir, expulsar, o sino vamos a progresar por en un caminar falso que tarde o temprano nos hará retroceder y del que será peor salir.

Expresar lo que sentimos y pensamos, no es delito. Por el contrario, es el mayor acto de justicia que podemos tener consigo mismo y con los demás, debido a que de esa manera nos liberamos y damos la oportunidad al otro de corregir y mejorar, si éste así lo quiere.

Salirse del molde no es fácil, por el contrario, cuesta muchas lágrimas y cuestionamientos propios que a la final se traducen en una sola cosa: Libertad de pensamientos y acciones; porque cuando logras sacar eso que te perturba la mente y el corazón, empiezas a sentirte más liviano, empiezas a fluir y recibir todo lo positivo que el universo tiene para ti.

Para qué queremos callar y fingir felicidad con comentarios o situaciones hartas. ¿Por qué  simplemente no podemos poner nuestra cara de serios si algo nos molesta o en su defecto sonreír tanto como sea posible si algo nos hace feliz? Olvídate de eso de encajar, si no lo logras es porque simplemente no es lugar para ti y no son las personas con las que te debas rodear. Entendamos que cada uno es un mundo diferente con circunstancias y momentos distintos que han forjado lo que se es hasta el momento, por eso es importante respetar la opinión de los demás.

Aprovechemos cada experiencia, cada momento y cada circunstancia para avanzar en la búsqueda constante de sí mismo. Aprendamos a escuchar a otros y sobre todo, escuchémonos nosotros mismos ya que esto nos permite blindarnos ante los malos comentarios de los demás. Si te convences de lo que eres y de lo que tienes para darle al mundo, tendrás la capacidad de bloquear lo que no te sirva y potencializar lo que te aporte para seguir construyendo el camino de tu vida en el que el único transeúnte seguro serás tú. Por esto exprésate siempre, di lo que piensas, demuestra lo que sientes, así no estarás cargando con pensamientos, sentimientos y palabras que te pesen y te limiten, pues siempre debes estar con el espacio suficiente dentro de tu ser para recibir todo aquello que te hará crecer.