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En política se puede meter la pata, pero no la mano

Por estos días se han registrado dos escándalos mediáticos con los que se quiere causar daño a la campaña de Mauricio Jaramillo a la gobernación del Tolima. El primero de ellos, un burdo montaje que fue pronto descubierto y que trajo como consecuencia el retiro fulminante de dos ‘periodistas’ de la Cariñosa de RCN; el segundo, un acto reprochable de un alto funcionario de Cortolima que pedía dinero y votar por el candidato de la Unidad Regional.
 
Algunos plumíferos y gacetilleros de parroquia, entre ellos el Joseph Fouché de la alcaldía de Ibagué, se dieron a la tarea sin el menor rigor y análisis periodístico  a trasladar la responsabilidad al citado candidato como objetivo de campaña política. Simplemente se limitaron a repetir como loros supuestas verdades concluyentes como si fueran jueces con derechos para condenar, no de absolver o de dejar al menos dudas. Pareciera que las pasiones y la aversión que los mueve contra Mauricio Jaramillo, que las despierta obviamente como todo jefe político, más con una trayectoria como la suya, se hubieran puesto de acuerdo para repetir la misma tautología sin argumentos sólidos y de peso, amén de los comentarios de café o callejeros que desde  siempre de escuchan del dirigente liberal. No hay nada nuevo sobre el cielo del Tolima.
 
En nuestro caso, no vamos a desarrollar juicios de valores ni de responsabilidades, hasta tanto las autoridades que investigan los hechos se pronuncien; sin embargo,  podemos afirmar que estos comentarios tienen cierto tufillo politiquero y olor a podrido por que lanzan un falso positivo contra una persona que, si bien es el protagonista, no tiene ninguna responsabilidad, ya que estas son individuales y quienes deben responder son los autores de los hechos. Ya existen casos como el de Mauricio Pinto,  que pese a promover y participar en la campaña de Luis Fernando Caicedo a la gobernación del Tolima,  siendo secretario de Óscar Barreto, las autoridades sancionaron al primero más no al segundo, no obstante que el segundo era el dueño y jefe de debate de esta candidatura.

Los supuestos beneficios de los Juegos

Algo parecido sucede con los supuestos beneficios que recibió Jaramillo de los Juegos Nacionales, donde la firma Sima de su propiedad vendió un predio al Deportes Tolima para su sede social y contrató el depósito de unos escombros con un subcontratista de las obras de los Juegos, sin haber renovado la matricula mercantil, hecho que reconoció el propio Jaramillo que no hizo por olvido o lo que se fuera. Así, como también dijo que el principal beneficiado con estos escombros era el Deportes Tolima, pues este material serviría para rellenar el campo donde van a construir las canchas de fútbol del club.

Pero en este punto que es el vital del cuestionamiento, nadie confrontó ni verificó con Gabriel Camargo, si lo que afirmaba el candidato a la gobernación era cierto o faltaba a la verdad. Solo amplificaron el parlante de un abogado que trabaja al servicio de la campaña de Barreto, le dieron credibilidad y sentaron una verdad a medias. Pero más aun, nunca dijeron que este era un negocio privado entre particulares donde no está comprometida la administración pública sino un subcontratista y el contrato es lícito.
 
Esto, únicamente para referirnos a los comentaristas que gozan de libertades de opinar que no tienen los periodistas y reporteros que deben ser objetivos, veraces e imparciales en su información, pero que algunos de ellos, por aquello de la payola (soborno, pago, mermelada), toman posiciones abiertamente contrarias a la ética y terminan como títeres del candidato de Anglo Gold Ashanti.

Lo que olvidan

Por eso, se olvidan de mencionar los lunares de este candidato cuando se desempeñó como gobernador del Tolima como: la corrupción que campeo en su administración especialmente en temas de contratación; la bancarrota financiera en que dejó al departamento con un déficit cercano a los 500 mil millones de pesos, que de hecho lo bajó a tercera categoría después de haberlo recibido en primera; la falta de planificación en las pocas obras que realizó como los cacaraqueados mega-colegios  que los dejo a mitad de camino y que tuvo que terminar y pagar en su totalidad la actual administración de Luis Carlos Delgado Peñón (150 mil millones de pesos); la política de salud en su administración no  fue mala sino perversa, en su periodo no nombro a un sólo gerente de hospital en propiedad, todos fueron interinos hacer de este servicio  un poder de politiquería barata con la salud de los tolimenses y el robo del hospital Federico Lleras, principal centro asistencial del departamento, donde pesa ya una medida de aseguramiento por parte de la Fiscalía contra el ex gerente de esta entidad en la gobernación de Barreto; pero se agrega  a este panorama, el llamado banco de los Tolimenses donde no aparecen cuatro mil 500 millones de pesos que el ex mandatario le prestó a sus amigos y los desvíos de recursos de la educación que lo tienen en litigios en la Fiscalía.

En política se puede meter la pata, pero no la mano

Este escenario que vive la política tolimense en la actualidad, nos hace recordar una célebre entrevista que concedió el maestro Darío Echandía, a la periodista Margarita Vidal, cuando sentenció en su sabia filosofía: “En política se puede meter la pata cien veces y se saca, pero no se puede meter la mano”, y lo hacía aludiendo precisamente a un ex dirigente político tolimense que hoy desde su sitio de reclusión, ofrece respaldo a Barreto a través de sus amigos exgobernadores.

De Mauricio Jaramillo se podrá decir que es de mal genio, porque tiene carácter para enfrentar las situaciones y las asume en primera persona no a través de terceros; también se puede decir que ha cometido más de un error en política como apoyar la elección del actual alcalde de Ibagué Luis Hernando Rodríguez, y muchas fallas más en este sentido, pero jamás se podrá decir que es un deshonesto o ladrón. En nuestro caso, preferimos a una persona que se equivoque en la toma de decisiones  políticas y que sea de mal genio, pero nunca que le meta la mano a los dineros públicos.  

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