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En las mismas, pero con virus

Las cosas siguen empeorando. Ahora es el Banco Mundial en su informe sobre la economía en tiempos de COVID 19 sugiere que el crecimiento económico en Colombia será negativo en 2%. Era de esperarse, un país que no tiene margen de maniobra fiscal, cuya deuda externa pasó del 22% al 43% entre 2010 y 2019, donde la informalidad ronda el 50% y los ingresos por la explotación de recursos naturales se reparte en populismo del peor, convenciendo a millones de que es un derecho recibir cien mil pesos mensuales y no un deber trabajar para sostenerse.

Un país donde los políticos juegan monopolio entre ellos (suelen ser ellos y no ellas) con los recursos que son de todos. Donde si hacen falta recursos siempre se puede poner un impuesto a algunos ricos y otro a los “estadísticamente ricos”, como diría el director del DANE. Los muy muy ricos logran evadir todo lo que pueden y los pobres más allá de la estadística ni se preocupan, además de las transferencias “condicionadas” que reciben, también trabajan por un pago diario o semanal por fuera de la ley y jamás les tocará pagar.

Pregunten a las jóvenes profesionales de Ibagué dónde creen que podrían conseguir un buen empleo. La mayoría ven su ascenso en los elevadores del palacio del mango o en las escaleras de las alcaldías y otras entidades públicas. Emprender es término común y moda que mucho suena y poco se logra.

Pregunten a los activos líderes políticos sobre sus grandes aportes a la comunidad y les enseñarán parques, uno que otro polideportivo, una silla de ruedas, algunos mercados para los vecinos y demás. Deberían mostrar las empresas que llegaron y los empleos que generaron porque lograron una reducción en impuestos. Deberían mostrar las conexiones a internet de alta velocidad que lograron gestionar y que pagan entre todos de su bolsillo para poder acceder al mundo infinito de conocimiento que ofrece la red. Deberían mostrar cómo se organizaron para financiar entre todos a pequeños empresarios, acabando de una buena vez los malditos gota a gota. Eso sí sería una gran gestión.

Pues no, hacia allá no vamos. Nada amenazaría más a un político que la libertad de sus electores. Nada lo contraría más que aquellos que logran romper su dependencia y crear su propia empresa o conseguir un buen trabajo en el sector privado. Ya no los puede mandar, ya no tiene nada que ofrecerles.  

Si todos exigiéramos de nuestros políticos apoyo para las empresas, posibilidades de tener cobertura en seguridad social, salarios que permitan que haya trabajo y no un ideal de salario mínimo que suena bien, pero muy pocos en el Tolima pueden pagar; obras clave sin corrupción, concejos municipales activos en el control político y no en el chantaje de “tu me das y yo te doy”, una Asamblea de notables que pudieran mandar al carajo a cualquier gobernador que tratara de compararlos y ejercicio de la autoridad a la policía; todo sería diferente.

Pero no, estamos en las mismas, pero ahora con virus.

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