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El Tolima que fue

Un estado orgulloso de su Constitución terminó reducido a un aporte insignificante a la economía y la política nacional 

¿Cuántos niños y niñas en el Tolima han leído sobre la provincia de Mariquita? ¿Cuántos han escuchado con atención el himno que cantamos con tanto orgullo y asumido el porqué de nuestro amor por el Magdalena?

Yo, que nací y crecí en Bogotá, recuerdo la biblioteca de mi abuela Gloria Espinosa Parga y la Constitución Política del Estado Soberano del Tolima que estaba allí a la vista de todos. Ella, única mujer de su promoción en la Universidad Nacional de Colombia y reina nacional de los estudiantes en 1943, elegida por el Partido Liberal; siempre tuvo claro que sus raíces y por lo tanto la de todos los suyos estaban en el Tolima. Si algo tenía su generación era una noción de la historia. No en vano aquel primo ilustre que creció en Inglaterra no pudo otra cosa que regresar a su tierra a los 24 años y dedicar su vida al servicio de los demás, a pesar de las dificultades que tuvo para expresarse en español. 

Antonio Melo recuerda cómo en una reunión de la junta directiva del Fondo Ganadero del Tolima en 1977, en la que se sugirió despedir a los trabajadores que promovían la sindicalización, “Lord Parga” golpeó un mueble con su bastón y exclamó “Los trabajadores tienen el derecho legal de asociarse y formar sindicatos, y no será esta empresa la que se los impedirá. Jamás se vuelva a proponer algo parecido en esta Junta”. También recuerda una ocasión en la que rechazó la compra de uno de sus toros por parte de la gobernación, pues él había sido gobernador, y optó por regalarlo (Ver enlace).

Era la ética de nuestros antepasados, esa que hoy algunos quieren olvidar entre clientelismo, corrupción y fortunas mal habidas ¿En qué momento la política pasó a ser ejercida por quienes la ven como un medio para hacer grandes fortunas? ¿En qué momento permitimos que fuera tomada por personajes que solo han leído el código penal para saber cuántos años pasarían en la cárcel si los descubren, pero no saben quién es el caballero de la triste figura?

Recientemente descubrí un documento sobre Luis Felipe Castro Herrera, nacido en San Luis Tolima, mi tatarabuelo y estoy buscando mejores fuentes sobe el siglo XIX en el Tolima. Me duele mucho ver la Academia de Historia del Tolima desfinanciada y con historiadores de profesión, ahora que hay varios programas de Historia en nuestro país y uno en la Universidad del Tolima. Lamento no contar con un museo amplio y con curadores de primer nivel para compartir con mi hijo y con mi hija, ambos ibaguereños, la historia de nuestro departamento y expresarles allí el porqué mi decisión de vivir en la tierra de mis abuelos. 

El Tolima no podrá ser grande si antes no promueve su historia. Hace unos años buena parte de los archivos de la ilustre ciudad de Honda se perdieron. Para nuestros dirigentes fueron unos “papeles” que había por ahí, como me lo expresó en su momento algún funcionario despistado. Afortunadamente tenemos el museo del Río Magdalena, un espacio inmenso en sus pocos metros cuadrados, que despertó en nosotros el orgullo por nuestras raíces tolimenses. 

La historia nos permite tomar impulso para proyectarnos hacia el futuro. Hoy corremos el riesgo de perderla, olvidando que en este territorio se dieron los primeros pasos de lo que es hoy Colombia, con todo y sus problemas de larga duración. Hay que recuperar nuestra historia, sentirnos orgullosos y estar convencidos de que sí podemos. Ojalá muchos regresen, inviertan, estudien, siembren y podamos superar la dependencia absurda del gobierno central, ese al que combatimos hace 159 años y que defendimos después cuando fue puesto en jaque por lo que hoy siguen siendo las FARC. 

Tenemos que recuperar ese estado orgulloso que fuimos y que nuestra dirigencia ha llevado a ser insignificante para la economía y la política nacional. Tenemos que lograr la independencia de la sociedad frente al clientelismo estatal y el respeto por el estado de Derecho, ese que la clase política desprecia porque limita sus excesos, al menos en el papel. 

 

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