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Greis Cifuentes

Columnista ElOlfato.com
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El mito de la belleza

Colombia es uno de los países junto con Estados Unidos, Brasil y México en donde más procedimientos quirúrgicos estéticos se realizan a nivel mundial. Las mujeres somos víctimas de los estándares de belleza irreales impuestos por la sociedad.

Todas las mujeres que conozco están o han estado preocupadas por su apariencia física, me incluyo por supuesto, un asunto que puede ser trivial pero ha muchas nos avergüenza aceptarlo y hablarlo.

¿Por qué siendo exitosas y brillantes no nos sentimos atractivas? ¿por qué somos tan crueles con nosotras mismas? ¿por qué dudamos tanto de nosotras?, ¿por qué el cómo estamos físicamente influye directamente en nuestro estado emocional? A tal punto que dejamos de hacer planes, rechazamos salidas a comer, viajes, hasta que tengamos determinado peso, creyendo que cuando tengamos ese ‘peso ideal’ estaremos perfectas, porque sin belleza no valemos nada. Estamos sometidas a un adoctrinamiento que amenaza nuestro autoestima y libertad. Una manipulación de los medios de comunicación diaria en donde el único objetivo es lograr una batalla en contra de nosotras mismas, aumentando nuestra inseguridad y fortaleciendo de este modo una industria millonaria que depende de nuestra esclavitud: la industria de las dietas, cosméticos y cirugía estética. Somos esclavas de este medio, ocultando parte de lo que somos, sintiéndonos culpables de envejecer, disimulando nuestras canas, arrugas, y demás ‘imperfecciones’. 

Las redes sociales si no sabemos darles buen uso pueden ser un caldo de cultivo contaminante de auto-tortura e insatisfacción, agotándonos psicológicamente porque nos convencen que somos imperfectas, por eso debemos ser más selectivas y conscientes sobre el contenido que estamos consumiendo.

Adicional a esto, crecemos y vivimos en un entorno en donde nos hacen creer que entre mujeres debemos ser rivales, que entre mujeres somos competencia, nosotras somos nuestras peores enemigas, promoviendo una lucha por quien es más bella y puede tener la atención de los hombres, lo cual consigue dividirnos y evita que nos veamos como compañeras y podamos desarrollar lazos de solidaridad de género. Debemos dejar de estar interesadas en la imagen que proyectamos, dejar a un lado la necesidad de reconocimiento externo - masculino -, y empezar admirarnos nosotras mismas sin compararnos con nadie. Porque todas somos únicas y somos hermosas.

La liberación femenina depende de varios factores, y este es uno de ellos. Debemos acabar con la subordinación de las mujeres y el primer paso es mejorar la relación con nosotras mismas, eso se logra fortaleciendo el amor propio: querernos, cuidarnos y valorarnos deben ser los pilares de nuestro desarrollo personal. Esa revolución la inicia cada mujer en el acto de amor, preocupándose por su bienestar, cuidando su salud mental, física y emocional. Porque entre más nos queremos, más seguras estamos y menos nos castigamos.