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El Carnaval del Pollo estudia apertura de una nueva sede en Bogotá

Ibagué
Autor: ElOlfato
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ElOlfato

El tradicional y exitoso restaurante de Ibagué ‘El Carnaval del Pollo’ estudia la idea de abrir una sede en Bogotá, ciudad en la que residen miles de tolimenses.

Su propietario, Orlando Melo, dice que a raíz de la acogida del Carnaval en la región, sus comensales le han venido exigiendo por años la presencia de su restaurante en la capital. Y no es para más, pues en un fin de semana festivo se despachan en promedio entre 80 y 100 pollos hacia Bogotá.

“Desde que estaba mi papá, la gente le decía a uno, bueno y ustedes qué pasa que no están en Bogotá, cómo es posible que ustedes no estén allá si es que todo el mundo está en esa ciudad y la mayoría de tolimenses están radicados ahí”, cuenta.

Por esta razón, en compañía de sus cinco hijos, buscan sacar adelante este proyecto. Al igual que sus clientes, consideran que una tradición como esta debe estar presente en la capital colombiana.

“Yo si les dije a ellos que no cambio la calidad de vida que tengo aquí en Ibagué, pero si ellos si están con el ánimo de que el Carnaval abra en Bogotá, yo los voy a apoyar en lo que decidan hacer”, señala el empresario.

Tanto Orlando como sus hijos se encuentran realizando los estudios previos de lo que implica abrir un nuevo punto en otra ciudad, pues quieren garantizar que la calidad de sus pollos siga siendo la misma y para lograrlo hay que tener en cuenta muchos aspectos.

“Todo tiene su proceso, toca hacer un centro de acopio también. Todo hay que hacerlo muy bien calculado. Estamos esperando a ver si a partir del otro mes se puede arrancar arreglando la empresa para todo lo que se tiene que hacer. También se trata de organizarse bien para que todas las propiedades y características del pollo que se vende aquí sean las mismas en otra ciudad”, acota.

Y no cabe duda de que la calidad se mantendrá. Orlando en sus más de 50 años de experiencia en el negocio ha sido muy exigente y reservado, por esta razón prefiere que este proyecto se realice con tiempo y de la mejor forma.

“Esto es una tradición, primero lo manejó mi papá, después lo manejé yo y ahora le estoy enseñando a una de mis hijas. Esa es la clave del éxito del Carnaval”, detalla.

Así las cosas, si todo sale bien como hasta el momento, el Carnaval abriría sus puertas para el próximo año en Bogotá.

Los inicios del Carnaval 

Orlando cuenta que su padre estuvo por unos años viviendo en Fusagasugá, donde tuvo la oportunidad de conocer a unos ciudadanos españoles, a quienes les aprendió su forma de trabajar con el negocio de los pollos.

“Ellos se fueron del país (los españoles) y él les aprendió su forma de trabajar. Por eso, El Carnaval del Pollo existió inicialmente en Fusagasugá. Después mi papa trabajó con un cuñado en Flandes y de allá se vino para acá y comenzamos a ensayar”, relata.

En 1965 se ubicaron en el terreno donde actualmente está la empresa Interaseo. Cinco años más tarde, se trasladaron al lote ubicado en Mirolindo, donde permanecen hasta la fecha. “Este lote lo compramos en $70 mil.  En 1970 nos registramos en la Cámara de Comercio y todo eso”, recuerda Melo.

Fue así como él se familiarizó con este negocio, pues hizo escuela con su padre quien le enseñó desde lavar platos hasta manejar la caja.

“Mi papá tendría por ahí unos 12 años de experiencia cuando me enseñó, yo tendría por ahí unos ocho años. Llevo todo el proceso, sé cuanto se demora un pollo en asar, qué tanto se demora la condimentada o cómo puede quedar el pollo en el asado. Por eso nadie me puede decir que algo no es así porque me lo conozco todo”, asegura.

A pesar de ser un hombre tímido y reservado, tuvo la confianza suficiente para contar un secreto que hace que sus pollos sean diferentes; y es que no llevan ni químicos ni preservantes, según él, “son como los que hacían los abuelitos, con la cebolla, con el tomatico y todas esas cositas”.

Su pasión por el ciclismo

Pero en la vida de este tolimense no todo ha estado relacionado con los pollos como muchos piensan. Paralelo al aprendizaje en el negocio familiar, en él se despertó una gran pasión.

“A mis ocho años también empecé a montar en el aeropuerto con esas bicicletas que anteriormente llamaban hechizas, me acostumbré a eso y ya lo llevo en las venas”, menciona Orlando.

Para él, el deporte es algo que se lleva en la sangre y que además con el tiempo se convierte en una tradición, tanto así que ya lleva alrededor de 50 años saliendo a montar a diario en su bicicleta. Normalmente recorre 60 kilómetros en sus rutas.

“Salgo a entrenar frecuentemente para cuando la muerte me llegue, me encuentre en forma”, dice mientras añade que su pasión por este deporte se encuentra reflejada en la galería de fotos que tiene en una de las paredes de su establecimiento.

Orlando no cambia su calidad de vida por el dinero, pues prefiere continuar con sus actividades diarias en la capital tolimense, pues considera que si se marcha de la ciudad se le dañaría su habitual ‘montadita’.

 
 
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