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División de poderes y política local

Tal vez los legados más preciados de los revolucionarios franceses al recoger el trabajo teórico del barón de Montesquieu como reacción al antiguo régimen – el monárquico absolutista – son la supremacía de la ley por una parte y la división de poderes por otra, ambos con la finalidad de que el poder se ejerza sin abusos, sin excesos y con precisos límites.

Si bien la exposición teórica inicial de la teoría de la División de Poderes refiere a la diferenciación de las tareas del ejecutivo, el legislativo y el aparato de justicia; resulta posible a mi juicio su aplicación a cualquier ámbito en el que con la finalidad de que no se concentre el poder, se distingan las funciones de manera que los distintos órganos que las ejercen se controlen.

En el ámbito territorial y local, la Constitución distribuye funciones y competencias entre alcaldes, concejales, gobernadores, diputados y organismos de control, en desarrollo de este principio bicentenario.

Cuando las prácticas politiqueras de alcaldes y gobernadores cooptan concejales y diputados con prebendas  abiertas o disfrazadas de compromisos de inversión, se priva a la ciudadanía de que los concejos y las asambleas desarrollen un control político eficaz y se traiciona a los votantes que observan sin posibilidad de reacción a los representantes que eligieron haciendo parte de coaliciones insospechadas, aprobando iniciativas que no representan  a sus electores o simplemente guardando un silencio cómplice ante el ejecutivo.

Otro tanto se puede decir de los organismos de control local o seccional, designados casi siempre con el protagonismo velado del alcalde o gobernador, garantizando que la función de control sea casi siempre intrascendente.

El resultado salta a la vista: gobernadores y alcaldes investidos de poderes ilimitados, a quienes se aprueban proyectos sin dilación y discusión, gobiernos a los que el control político no los roza y organismos de control que duermen el sueño de los justos cerrando los ojos al desgreño, a la falta de diligencia, de planeación y otras veces a la corrupción.

Esa es la cuestión.

 

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