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Anny De Trujillo

Columnista ElOlfato.com

Discapacidad en el hogar, un reto de amor familiar

El amor en la mayoría de las familias no tiene límites y más en las que hay personas con una condición especial, sea de nacimiento o adquirida después de una enfermedad o accidente. Las lecciones de amor que estas familias nos brindan son de admirar.

Para las familias que son nuevas en tener a uno de sus miembros con una discapacidad temporal o permanente y que se están adaptando a esta situación, es muy importante que aprendan acerca del tipo de discapacidad (motriz, intelectual, mental, sensorial o múltiple) que tiene su familiar; de esta manera es más fácil comprender (tanto al individuo como su condición) y saber tratar.

Estos casos ponen a prueba el llamado amor verdadero, ese que trasciende en todas las circunstancias. Pero ¿tenemos claro lo que significa cuidar un ser querido que se encuentra en esta situación? Algunas definiciones se refieren a este concepto como: *Un acto natural. Es dar a la persona una atención integral en todos sus aspectos. *Proteger algo o a alguien del daño o el desgaste. *Atender a una persona para que esté bien.

¿Tienen estas familias verdadera calidad de vida? Algunas podrán decir que sí, otras que no. Pero lo cierto es que no deben ser percibidas como diferentes a las demás, solo porque uno de sus miembros tenga una discapacidad.

Y aquí tocamos unos interrogantes necesarios: ¿cómo pensar en la inclusión plena si las familias de las personas con discapacidad se sienten distintas? ¿Acaso esta familia es diferente a la tuya o a la mía? ¿Estas familias cuentan con el apoyo de centros profesionales, educativos, salud y orientación familiar que les permita guiarlos para saber llevar su familiar con una discapacidad, que en momentos puede perturbar su paz y tranquilidad?

Cuando la familia cuanta con recursos todos es más llevadero y se hace menos difícil la situación, eso sí, siempre y cuando no falten el amor, los cuidados y el acompañamiento constante.

En países como Colombia, que tiene altos índices de pobreza y un sistema de salud pública limitado, muchas familias no cuentan con los recursos necesarios para sobrellevar bien una condición de discapacidad; esto hace que aumente el dolor y el sufrimiento por no poderle brindar al ser querido lo que realmente necesita. Por lo anterior, lo más probable es que el ambiente de la familia se vea perturbado o se deteriore.

Por eso siempre deben organizar los pocos recursos que se tienen o visitar fundaciones que los puedan apoyar. Algo que ayudaría mucho a la sociedad es que las familias con recursos pueden apadrinar a otras con dificultades económicas; quién más que ellos para entender la situación por la que están pasando los otros.

Internamente en la familia, deben organizar el tiempo para el cuidado del familiar —no descargar esta responsabilidad en una sola persona—, proporcionar un ambiente de paz, amor, armonía y tranquilidad. Jamás debe pasarnos por la mente maltratos como el encierro, castigos o negación de las necesidades básicas: alimentación, aseo y cariño.

Todos debemos ser conscientes y responsables de esta situación; la adaptación de una persona discapacitada a su familia y a su comunidad requiere de un esfuerzo mayor; así se logrará sobreponerse a la adversidad e intentar llevar una vida social hasta cierto punto normal. Todos, desde nuestro rol como profesionales debemos preguntarnos: ¿mi labor beneficia por igual a todas las personas, incluyendo los discapacitados?

Por último, es muy importante enseñarles a nuestros hijos que existen otras personas con condiciones y necesidades especiales, para que las respeten, incluyan y traten con equidad.