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Despertar es querer hacer las cosas de otra manera

Lejos de mi tierra, no la que me vio nacer sino aquella que siento en el alma, la de mis abuelos y mis hijos, he tenido ocasión de pensar y tratar de responder por qué en el Tolima sentimos una necesidad de dividirnos. Conozco los 47 municipios del departamento y he tenido la fortuna de recorrer sus caminos, trochas y calles. Si bien se siente un ánimo de salir adelante en muchos rincones, también se vive un ambiente de división, de violencia y de exigir a otros lo que deberíamos lograr por nosotros mismos. Cuando algo no sale bien, la culpa es del otro. Puede ser el gobernante de turno, el empresario que toma una decisión que no se comparte o hasta el de la tienda cuando nos informa que agotamos el crédito y no nos puede fíar un plátano más, hasta que no saldemos la deuda.

¿En qué momento dejamos de organizarnos para abrir trochas, mantener las vías o proteger las fuentes hídricas, cediendo esas responsabilidades a un estado al que hoy pedimos omnipresencia? ¿En qué momento optamos por la comodidad de “aquí mirando a ver quién nos da una mano”?

Por alguna razón venimos cediendo nuestra libertad, convencidos de que cada día somos más libres, en un espejismo extraño donde estamos divididos en lo común y unidos en el conflicto. Sin duda, el Tolima ha sido escenario de luchas fratricidas, cuyo ADN está impregnado en nuevas formas de violencia, donde cambianos “liberales” y “conservadores” por amigos y enemigos de las facciones que se desprenden históricamente de estos. En algunos casos, la violencia armada fue reemplazada por la movilización electoral y el asesinato por la exclusión política definitiva, respaldada por las urnas. En otros, transitó a ser un complemento de las elecciones o incluso como un último recurso cuando surgían alternativas. “Por aquí es mejor que no se aparezca y nos evitamos problemas”, es una frase que todavía podemos escuchar, si lo hacemos atentamente.

Aún más grave, es que se insiste en la educación como motor de cambio, pero la misma muchas veces se aleja de lo que está ocurriendo. Muchos jóvenes se sienten frustrados por no conseguir un empleo digno, a pesar de sus estudios, pero se niegan a entender que a lo mejor no están preparados para enfrentar los retos del mercado global, donde el título es un asunto cada vez menor, frente al desarrollo de habilidades y su aplicación en el día a día. Es momento de pensar proyectos que movilicen a los tolimenses, que las animen a pensar cómo hacer las cosas de otra manera.

Ya pasaron las elecciones. Ya tenemos nuevo gobernador y nuevos alcaldes y alcaldesas. No es momento de obstruir sino de construir, no es momento de criticar sino de platicar, no es momento de enfrentar sino de ayudar. Tenemos el gran reto de suspender de una vez la espiral de división que nos impide salir adelante y buscar lo que nos une: un Tolima que avanza, un Tolima unido, un Tolima que vuelva a crecer.

Ojalá se logre

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