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Desde hace más de un año, el Hospital de Planadas no recibe ni un herido en combate

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Las huellas de la guerra se borraron de los pasillos del pequeño hospital de Planadas, la población del sur del Tolima en donde nacieron las Farc hace 52 años.

Sus camillas ya no están ocupadas por soldados y guerrilleros heridos en combate ni en la unidad de urgencias se volvieron a escuchar los gritos desgarradores de las víctimas de las minas antipersona.

En Planadas, hasta el más férreo opositor al proceso de paz entre el Gobierno Nacional y Farc, reconoce que desde un hace año -cuando la negociación entró en la recta final- muchas cosas cambiaron para bien, y el hospital público de esta localidad es una prueba de ello.

Francisco Zapata, gerente encargado del centro asistencial, dice que desde hace más de 12 meses no ingresa un solo herido en combate, de ninguno de los dos bandos.

gerente-hospital-planadas“Es un cambio total para todo (…) Nuestra atención se limita a lo que son urgencias generales y enfermedad general; y no como en unos años anteriores que eran heridos por mina, tanto civiles como militares, o se recibían pacientes con heridas de arma de fuego, producto del conflicto armado”, sostuvo Zapata.

Pero las estadísticas del hospital no son el único síntoma del cambio que está teniendo Planadas. La seguridad de los empleados del sector salud también mejoró.

Si un médico o una enfermera saludaba a un militar o a un policía era casi una sentencia de muerte. “Nadie podía saludar a un integrante de la fuerza pública porque podría ser señalado de ser colaborador del Ejército o de la Policía. No les podíamos dar ni un vaso de agua”, aseguró.

Ahora, el Hospital de Planadas y el Ejército Nacional pueden realizar brigadas de salud de manera conjunta y sin ningún temor, tanto en la zona urbana como en la extensa área rural de más de 1.600 kilómetros cuadrados.

“Si uno se los encontraba por el camino había que ignorarles el saludo (…) Acá hay casos, reportados hace muchos años, que alguien hasta por brindarles un vaso de agua, un plato de comida, era asesinado (…) Y ahorita no se ve eso: ahorita se puede saludar”, contó el gerente (e) del centro asistencial.

Y es que esa convivencia no solo se percibe entre los empleados del hospital y los militares. Tal es la tranquilidad que se respira en esta población cafetera que los soldados y los policías caminan tranquilos por la calle hasta altas horas de la noche. Ya sus rostros no reflejan la zozobra de patrullar un municipio ubicado en zona roja, como fue considerado Planadas.

policias-planadas-oki“Es extraño. A veces uno va caminando e intenta bajar la cabeza para no saludarlos, porque eso fue lo que nos enseñaron desde niños. Estamos aprendiendo a vivir en la nueva Planadas”, dijo Yenny, una joven de 28 años.

Ahora la Policía Nacional ya no es vista como la fuerza represiva sino como los agentes que velan por la convivencia.

“Ya no vemos la política del bolillo. Ahora los sentimos más cercanos, más amables. Hasta nos hacen reír en las presentaciones que hacen en el pueblo y en las escuelas”, afirmó Jhonatan, un muchacho de 20 años, mientras veía a un grupo de agentes hacer malabares en la márgen norte de la plaza principal de Planadas.

Las cifras del Hospital de Planadas en 2016WebMunicipio en paz, pero el hospital amenazado por las EPS

El hospital de Planadas muestra la nueva realidad social que vive esta población de 29.935 mil habitantes, ubicada a 231 kilómetros de Ibagué, a la que se puede llegar en aproximadamente cuatro o cinco horas por carretera, en época de verano.

Pero este centro asistencial no se escapa a la aguda crisis del sistema de salud. Solo tres EPS, todas intervenidas por el mismo Estado, le deben más de 1.000 millones y es muy poco probable que estas aseguradoras le paguen por los servicios que le prestó a sus afiliados.

Y es poco probable que le cancelen esos recursos porque este hospital no están visible ni mediático para que en Bogotá escuchen su reclamo y tampoco cuenta con el apoyo de algún político que haga lobby ante el Gobierno Nacional porque su nómina burocrática y sus ingresos no son muy atractivos para ellos.

La liquidada Caprecom le adeuda $929.535.500, la EPS Solsalud sigue sin cancelarle $188.414.784 y desaparecida SaludCoop le quedó debiendo $45.235.736.

“Muchos dirán que no es mucho (la deuda de SaludCoop) pero eso representaría por lo menos el pago de una parte de los medicamentos que consumimos a nivel del hospital. El hospital tiene un consumo de medicamentos e insumos de laboratorio y odontología alrededor de $60.000.000 a $68.000.000 mensuales”, explicó el gerente.

Por eso, el funcionario hizo un llamado de atención al Ministerio de Salud para que medie en esta problemática financiera y las EPS paguen lo que deben. Y le recordó al Gobierno algo que muchos colombianos repiten a diario en el país: “Sin salud no puede haber paz”.