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Cañón del Combeima: una tarea tarea pendiente

El Cañón del Combeima, destino turístico por excelencia en la ciudad de Ibagué. Cada fin de semana se convierte en el sitio preferido para compartir con la familia, descansar, sentir de cerca la naturaleza, procurar una ayudita divina en las misas de sanación que se celebran en el corregimiento de Villa Restrepo y también para darle vueltica a la finca de recreo.
 
Esto ha generado el incremento de las actividades agrícolas, comerciales y de servicios, destinadas a satisfacer las necesidades quienes visitan este hermoso paisaje tolimense, enclavado en la Cordillera Central.
 
No nos hemos detenido por un momento a pensar la verdadera vocación de este importante corredor ecológico sobre el cual se ubica el río Combeima, afluente de la cuenca mayor del río Coello y principal fuente abastecedora del acueducto de de Ibagué.
 
La cuenca del río Combeima forma parte del Parque Nacional Natural de los Nevados, y su sistema hidrográfico se compone de alrededor de 18 microcuencas entre las cuales encontramos quebradas como las Perlas, Guamal, La Plata y Cay; esta última, también proveedora del acueducto.
 
Gremios económicos, académicos, industriales, comerciantes y comunidad en general, regularmente alzan su voz de protesta contra el que consideran un mal servicio de acueducto en la ciudad, pero no la elevan para protestar por el impacto negativo que estamos causando a la cuenca.
 
Seguimos exigiendo como usuarios una buena calidad del servicio, pero no estamos contribuyendo a la protección y preservación de nuestro patrimonio ecológico.
 
La presión demográfica, la creciente instalación de restaurantes, estaderos, eco hoteles, granjas temáticas, y sitios de recreo, vienen causando un deterioro acelerado a la calidad de los suelos y el agua.
 
A esta situación, se le suman las malas prácticas de siembra en laderas y ampliación de la frontera agrícola causante de procesos erosivos que finalmente van a parar a las fuentes abastecedoras que tributan sus aguas al Combeima, y que arrastran sedimentos incontrolables en época de alta pluviosidad.
 
De tal manera, que cuando suspenden el servicio de agua en la ciudad, ello obedece en un alto porcentaje, a la mala calidad del agua que nos está entregando el rio como consecuencia de estas acciones antrópicas, haciendo imposible los procesos de potabilización.
 
Hay muchas tareas pendientes y varios actores responsables de generar acciones efectivas; principalmente la Secretaría de Planeación Municipal, encargada de poner orden a los usos del suelo en la  ciudad y de analizar detenidamente cuál debe ser la vocación del Cañón del Combeima que evidentemente no es turística, sino de protección ambiental con restricciones, por ser un área de especial importancia ecológica para la ciudad.
 
Hay otra tarea vieja en la que todos se rajan: el Documento Conpes 3570, denominado “Estrategias de mitigación del riesgo en la cuenca del río combeima para garantizar el abastecimiento de agua en la ciudad de Ibagué”  dentro del plan estratégico para la gestión integral del riesgo en la cuenca del río Combeima, se incluyó en las acciones a corto y mediano plazo (con tiempo estimado de ejecución de 10 años: 2009-2018), la caracterización y reglamentación del uso del suelo en el corredor turístico Ibagué – Juntas - Villa María - Cay, para determinar la capacidad de carga e infraestructura, integrando la información generada por los estudios de amenazas y vulnerabilidad.
 
Por su parte Cortolima, debe redoblar esfuerzos en controlar los factores de deterioro ambiental y exigir a los ciudadanos la implementación de planes que impidan la contaminación no sólo del Rio Combeima sino de las demás quebradas que son abastecedoras de éste y que corren igual o mayor riesgo.
 
Ya no más casas construidas en zonas ribereñas; ya no más tragedias por inundaciones; ya no más reforestaciones por pedazos ni obras para corregir el cauce del rio. El ordenamiento, el desarrollo económico y la planificación deben ir de la mano pero no a costa de los recursos naturales. La “Constitución Ecológica” de 1991, consagró como deber del estado, la protección de la diversidad, la conservación de las áreas de especial importancia ecológica y el fomento de la educación para el logro de tales fines.  Así que señor Gobernador, señor Alcalde y Director de Cortolima: ¡Manos a la obra!  Hay mucho por hacer.
 
Abogada - Especialista en Derecho Administrativo y del Medio Ambiente.