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Bonnie: el secreto mejor guardado del edificio M30 de Ibagué

Nunca habrá una historia sin inicio, nudo y desenlace. Y como si de un cuento se tratase, con un final feliz esperamos que acabase.
Historias
Autor: Valentina Castellanos Jater
Autor:
Valentina Castellanos Jater
Foto: Eduardo Toro - EL OLFATO

Cuando éramos niños nuestros abuelos nos decían: ‘lo que mal empieza, mal termina’, y, aunque a veces esta frase cobra sentido para algunos aspectos de la vida, en esta historia existe una excepción.

Todo comenzó hace cuatro años cuando un hombre que trabajaba en la construcción del edificio M30 llegó con la idea de llevar a su mascota al trabajo, ya que no la podía tener en su apartamento encerrada.

“Entonces él me dijo a ver si nosotros se la recibíamos, y le dije: claro. Y aquí la criamos”, contó Abraham, uno de los vigilantes del edificio.

Y si les da curiosidad saber de qué tipo de mascota hablamos, aquí se las presento. Ella es Bonnie, una perrita criolla también apodada ‘la perrita de las siete vidas’, ¿a qué se debe este apodo? Sigan leyendo la historia.

Con la llegada de Bonnie a la construcción, el ingeniero a cargo de la obra “la mandó a operar y yo era el encargado de mandarla a peluquear, bañar, desparasitar, en pocas palabras, yo era el papá de ella”, expresó.


Eduardo Toro - EL OLFATO

Desde entonces, ya no había dos vigilantes en el edificio, sino tres. Porque aunque de raza pequeña, esta perrita tuvo espíritu de Gran Danés para supervisar la seguridad de la obra.

“Cuando ella escuchaba un ruido nos alertaba y ya sabíamos que había alguien extraño. Por ejemplo, cuando se metían algunos ‘locos’ aquí, ella los perseguía y los sacaba”, dijo con alegría.

Pero no todo es color de rosa en este cuento, porque en esta parte empezó a cobrar vida su apodo.

“Era muy juguetona y cuando estaba la construcción le gustaba jugar con las botellas de gaseosa. Ella corría, la agarraba y se la ponía en los pies para que usted la pateara. Entonces, un día estaba en la terraza y un trabajador comenzó a jugar con ella a la botella, la pateó muy duro y la sacó de la terraza; la perrita se fue detrás y no alcanzó a frenar”, señaló.

Bonnie cayó desde el piso 22 hasta el 17, y si, suena muy triste. Pero como toda historia tiene inicio, nudo y desenlace, esta no se queda atrás.

“Resulta que como el ‘volao’ del edificio tenía una cortina de esas que ponen por si se cae material, pues la perrita cayó ahí y no le pasó nada. Esa fue su primera ‘purgada’”, narró.

Pasado este incidente, y casi terminada la construcción, comenzaron a llegar los propietarios y Abraham como un buen papá responsable hacia ‘vaca’ (juntar dinero) con todos los residentes para llevarla a bañar o, como él dice, “la llevaba a hacer mantenimiento”.

La perrita se convirtió en un “monumento para el edificio”, y como si de la obra de arte más apreciada se tratara, todos aportaban su granito de arena para mantenerla en perfectas condiciones.

“Ella era la guardiana principal, se conoce este edificio como la ‘palma de la mano’. Ella es de aquí. Uno la subía en el ascensor, se bajaba en un piso y ya sabía para qué apartamento ir”, contó.

En esta parte, reafirmamos nuevamente los motivos de su apodo que, por cierto, se ajusta perfecto a su vida.

“Un día estaba lloviendo y ella salió detrás de una señora del edificio, y resulta que había un cable ‘pelado’ y como estaba mojada lo pisó y le ‘zampó su mamonazo’ (le pasó la corriente). Y, milagrosamente, se volvió a salvar”, añadió.

Luego de rotar de casa en casa, y probar platos más exquisitos que cualquiera, pero sin una familia fija, llegó a su vida Carolina Toro, una residente que se enamoró de ella desde el primer momento.


Eduardo Toro - EL OLFATO

“En junio del 2019 me encontré en la portería a la dueña de este edificio que es Bonnie. Yo la empecé a subir a mi apartamento porque me daba angustia de que se quedara por fuera, porque muchos ‘vecinos’ le daban de comer y la consentían, pero muy pocos la dejaban quedarse a dormir”, mencionó Carolina.

Poco a poco, empezó a abrirle un espacio en su hogar, pero sobre todo en su familia. Hasta que un día cuando se dirigía a la oficina vio a la perrita caminando por la Quinta, “y yo dije: la va a atropellar un carro”.

Y a partir de entonces, esta residente se oficializó como la madre adoptiva de Bonnie.

“Ella es el amor de la señora Carolina, la carga para arriba y para abajo. Mejor dicho, es una hija más”, puntualizó Abraham.

El amor, la comprensión, la bondad y la solidaridad, tanto de Abraham, Carolina y los demás residentes que contribuyeron a su bienestar, han sido las claves para que esta ‘criollita’, a pesar de tantos tropiezos, siga con vida.

“Bonnie de vez en cuando baja y yo la veo, pero ella me ignora porque ya se le subió el estrato”, bromeó el vigilante.

Siempre habrá algo que contar de ‘la perrita de las mil vidas’. Pero en esta ocasión, esta historia llegó a su final. Bonnie: ahora es el secreto mejor contado del edificio M30 de Ibagué.

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