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Arrogantes, serviles y simuladores

La tecnocracia, que pretende definir el futuro del país y la vida de las regiones desde un escritorio en Bogotá, sigue demostrando con creces su impresionante capacidad de hacer las cosas mal.

El episodio de esta semana con el presidente de Ecopetrol, (el tolimense) Juan Carlos Echeverry, no fue simplemente un acto de agravio personal, sino el síntoma de varias cosas, mucho más “sistémicas”:

  1. Síntoma de la arrogancia: Pero no de un sujeto sobre otro, sino de una casta poderosísima, una élite que se sabe dueña de un país que “gobierna” a su antojo, y que no va a permitir, bajo ninguna circunstancia, que “un profesor”, un no-igual, les diga qué hacer con él.

Independientemente de si esa “circunstancia” es la Constitución o el imperativo de hacer real su mandato democrático, los tecnócratas van a pasar por encima de ella. En ese sentido, en función de sus propios intereses, nadie es más “realista” en política que la tecnocracia de Bogotá.

Y el doctor Echeverry, a quien le debe doler mucho provenir de Villahermosa y no de la capital, es expresión de todo eso.

  1. Síntoma del servilismo: Echeverry no se manda solo, es un “corre, ve y dile”. Es un funcionario del capital: del poco que queda en el nivel nacional, y del cada vez más apabullante en el nivel trasnacional.

En ese nivel, la ética, el cuidado y la sensibilidad, son tan insignificantes como los bienes comunes que siempre están dispuestos a destruir: hoy fue la Macarena, mañana será la Sierra Nevada o el Chibiriquete, cualquier territorio que a los ojos de los “factores reales de poder” que se expresan a través de Echeverry y de su cargo y de sus títulos, son solo potenciales yacimientos de explotación convencional o no convencional (léase 'fracking').

Por supuesto que la arrogancia y el servilismo no son características exclusivas del presidente de Ecopetrol. Lo son de todos los altos funcionarios de gobierno, funcionarios que, valga decir, se intercambian armónicamente con las jefaturas de las mismas empresas privadas que benefician, a través de muy bien aceitadas puertas giratorias.

  1. Síntoma de la simulación: En realidad los títulos en New York University, Hardvard o los Andes no importan. Es decir, no importa haber estado allá, tampoco si sirvió de algo, lo que importa es alardear con ello.

Los títulos sirven para humillar, para aplastar, y, por supuesto, para aparentar que se sabe. Ese es el ADN de los tecnócratas de Bogotá, sobre todo en territorio.

¿Qué puede saber un campesino, un indio, un estudiante, un profesor sobre desarrollo o política? ¿Con qué derecho un alcalde y unos concejales promueven consultas populares? ¿Acaso quién más preparado que un Phd para decidir sobre el futuro de todos?

Son tan arrogantes, tan serviles y tan simuladores, pero sobre todo tan irresponsables y tan mediocres, que en pleno siglo XXI su modelo energético es del siglo XIX (petróleo y represas) y su modelo fiscal del siglo XVI (minería).

Cuando se acabe el oro, el coltán, el carbón, el níquel y el petróleo, y ya no queden ríos para represas ni para la agricultura ni para el consumo, ¿de qué vamos a vivir? ¿El “ufólogo” que dirige Ecopetrol nos va a traer agua de Marte?

Postescriptum: Toma vuelo la vacía y contradictoria retórica de la paz de la administración departamental. El jefe de prensa de la gobernación, Hugo Mateus, me eliminó de Facebook por comentar uno de sus estados en relación con el espectáculo que hacen diariamente de las visitas del gobernador a algunos de los corregimientos del departamento: “De lo que más me gusta de mi trabajo en Gobernación del Tolima es aprender todos los días, mañana una gran experiencia, viajar hasta Puerto Saldaña, un lugar marcado por la violencia durante muchos años, pero que hoy vuelve a renacer y junto a nuestro Gobernador Oscar Barreto Quiroga rendiremos homenaje a las víctimas. #SolucionesQueTransforman”. Le comenté que me parecía contradictorio homenajear a las víctimas de la violencia, y callar ante las amenazas de los violentos a líderes sociales del departamento. La respuesta del comunicador fue eliminarme de sus amigos. ¡Extraña manera de construir la paz eliminando las voces incómodas!

@andresconsuerte

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