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Antes que el dos está el uno

Pertenecer a una familia, tener esposo/a, hijos, hermanos y padres, son parte fundamental de este núcleo que encierra un contexto de convivencia, unión y mucho amor, aunque se presenten dificultades, problemas y crisis, que con el tiempo se convierten en un aprendizaje y una experiencia más de vida.

Si comparamos la familia con una gran estructura arquitectónica y con un árbol frondoso, ¿que tienen en común? Nos podemos preguntar: ¿qué clase de cimientos y estructura sostiene un edificio? ¿Cómo está la raíz del árbol?

¿Cuál es entonces el cimiento y la raíz que sostiene la familia? Indiscutiblemente el matrimonio, es el que da el inicio a una nueva familia, estructurándose en unas bases muy sólidas desde su nacimiento, asegurándolas día a día, a través del amor, como raíz principal, permitiendo que en esa relación entre Dios como el protagonista principal de la pareja y de la familia, fortaleciendo la relación dedicándose tiempo mutuamente y adornándolo con pequeños y grandes detalles que son esenciales para la convivencia.

Los cónyuges se deben aceptar y amar tal cual como son, con sus cualidades, defectos y virtudes, apoyándose mutuamente en su crecimiento, expresándose continuamente su admiración y cariño del uno hacia el otro, comprometiéndose a dar lo mejor de cada uno, buscando el bien común. Deben mirar los dos el mismo horizonte, sin perder el rumbo de la relación.

La pareja de esposos debe sostener continuamente una buena comunicación, mediante una escucha activa, que les permita abrirse al otro y confiar plenamente, para que se vaya construyendo una amistad conyugal que los lleve a fortalecer la relación y el amor. Llevar a la práctica virtudes como la alegría, el respeto, la confianza y la fidelidad, les permite adquirir un seguro que blinde la relación y el amor.

Y como la pareja no nació de la nada, sino que cada uno viene de una familia, es necesario y sano que cada uno acepte, comprenda y ame a la familia de su cónyuge y la involucre, haciéndolas parte de su vida, aun sabiendo que es posible que en algunos momentos se dificulte la relación, por  amor al cónyuge, la debe respetar y aceptar, las diferencias entre las familias, hacen parte del aprendizaje.

Por lo tanto, antes que el dos está el uno, es decir antes que los mismos hijos, fue primero la vida de pareja, donde se inició una relación de compromiso y amor para toda la vida. Si la vida conyugal esta sólida y tiene buenos cimientos, cuando lleguen los hijos, se respirará un ambiente cálido, lleno de amor. Los cimientos y la raíz (el matrimonio) firmes, soportarán de la mano de Dios y confiando el uno en el otro todo lo que llegue: crisis, problemas y otro tipo de situaciones que se les pueda presentar.

Si deseamos que el árbol tenga un tronco, ramas, hojas firmes y nos dé buenos frutos, cuidemos su raíz y si una estructura arquitectónica se mantiene firme sin importar el paso de los años, es porque sus cimientos están muy bien.

Entonces ¿por qué no nutrir, cuidar, abonar, regar, y defender la base de la familia, que es el matrimonio? Por estas razones, antes que el dos está el uno; el matrimonio.

*Puede escribirle a la especialista en Asesoría Familiar al correo [email protected] o contactarle a través de Facebook e Instagram como @annydetruji

 
 
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