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Fernando Varón Palomino

Columnista ElOlfato.com

Amenazas

A los que no les gusta que se les cuestione, vigilen y controlen, son hábiles para inventarse todo tipo de marrullerías, en el mejor de los casos, o ir hasta las “últimas consecuencias”, para acallar al periodista o al columnista que se compromete ante sus lectores para que con objetividad ejerza su labor, que no es fácil ni en el mundo y mucho menos en América Latina, claro, hay quienes justifican acciones oscuras porque consideran que el periodismo se ejerce es con el estómago y no con el cerebro, porque casos, que los hay, los hay, y más en nuestras regiones, permiten inferir que se pueden silenciar con burocracia, contratación o con los sobres como ocurrió en Ibagué durante el periodo 2012 -2015 pero toda regla tiene su excepción, y esta excepción es la que ha prevalecido en el Olfato.

En los últimos meses en nuestro país, que vive en una polarización constantes ya que por cada hecho relevante salen las fuerzas o las bodegas, a contradecir, criticar, mofarse o a través de los “fakepage” (noticias falsas) a atacar, sin siquiera contextualizar el hecho, la noticia o la opinión, es claro ejemplo que como sociedad perdimos el rumbo y que el periodismo serio vive en una constante amenaza.

Decir que con el actual gobierno de Iván Duque, se haya acentuado la amenaza al periodismo, es por lo menos injusto, así como injusto es, que en Europa lo haya tildado de “asesino” por parte de un grupo de colombianos pertenecientes a uno de los polos en que se encuentra dividido el país.

Las cifras de periodistas asesinados desde el año 1938, más exactamente octubre 12, cuando fue muerto Eudoro Galarza Ossa, que según la FLIP, Fundación para la Libertad de Prensa, cayo a manos de la Fuerza pública,  varían pero no deja de ser alarmante que 159, según alguno registros hayan sido asesinados por razones de oficio y 170 aproximadamente, amenazados seriamente, lo que se constituye en la  forma macabra de acallar.

La otra forma de acallar es la más sutil pero no deja de ser persecución ni amenaza, es bloquear económicamente al medio de comunicación y de paso al periodista, situación que se da a nivel de los poderosos pero repicando a menor escala en las regiones e Ibagué, en el presente cuatrienio no ha sido la excepción.

Es claro y no es novedad alguna, que el anti demócrata alcalde, ha sido selectivo con los medios de comunicación, en algunos casos tiene razón pero su filosofía es que para ser beneficiario de las migajas del erario municipal en materia de publicidad se debe ser adulador y para eso cuenta con algunos miembros de la bodega petrista. Dignidad según él pero solo basta mirar la benevolencia para algunos que incluso los incluye en contratos de ilegales o que por medio de fundaciones de tipo eclesiástico o simulan serlo, ponen a disposición la contratación de medios en el IBAL.

Una variable de las amenazas al periodismo que pretende ser legalista es la que proviene de las denuncias, generalmente por calumnia o injurias, es la forma intimidante que los cobardes sin fundamento buscan empapelar al periodista o columnista, claro, nunca sacan de su bolsillo para pagar abogados sino que lo hacen a través de los recursos del erario.

¿Acaso Guillermo Alfonso Jaramillo ha pagado la defensa de los delitos cometidos y a los que ha sido imputado? Y ahora con el auto denominado ex Zar ( ridículo), pretende silenciar al Olfato, para lo cual lo contrató con recursos de nuestros impuestos y cuya gestión deshonesta ha quedado en evidencia.

Pues no, no nos callaran.