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¿Al servicio de quién?

El objetivo de estos pasquines virtuales es el de hablar mal de hago o alguien con información gaseosa y sin investigación concreta.
 
Identificarlos es sumamente sencillo: no hay rigurosidad y, sobre todo, no hay investigación, por lo cual, le hacen un inmenso daño al periodismo responsable en este país, y en especial a la nueva ola de periodismo que se viene evidenciando en nuestra ciudad.
 
Pero el tema central de esta columna no es el de definir qué es un medio de comunicación, sino de debatir la responsabilidad de quienes a través de un espacio en Internet, simulan ser uno para generar presiones sobre distintos sectores con tal de… bueno, algunos entenderán a dónde voy.
 
Son uno y por mucho dos los medios digitales que se han ganado un espacio en las pantallas de los ibaguereños, que con la rigurosidad de sus periodistas han generado influencia y la capacidad de informar de forma veraz y responsable lo que se investiga.
 
¿Cómo reconocer esa rigurosidad? Fácil: viendo cómo uno de estos portales, por ejemplo, hizo en dos años lo que los otros no han  hecho en más de cuatro.
 
Pero hablamos de un asunto de responsabilidad, de la responsabilidad que no poseen los directores de aquellos pasquines virtuales que convierten lo accidental  en algo perdurable. 
 
Que convierten la intriga en verdades, que se aprovechan del pánico que generan para alardear de una influencia imaginaria.  Les aseguro en esta columna que en Ibagué solo hay tres medios que están en Internet y realmente generan influencia: una emisora, un periódico regional y este medio, ELOLFATO.COM. El resto han sido pantallas de humo que se han dedicado a generar paranoia desde el pasquín sin datos concretos y cizaña.
 
Hace pocos días Umberto Eco criticó a las “legiones de idiotas” que están en redes sociales refiriéndose a aquellos que le hacen daño a la comunidad lanzando improperios que poco después se convierten en “verdades absolutas”.  Cuánta razón le dimos a Eco quienes estamos en redes.
 
Pero no se trata tampoco de debatir sobre la libertad de prensa ni el derecho a informar, sino de la ética de quienes crean los mencionados pasquines con el único fin de generar cizaña para luego ver cómo hacen presión a cambio de algo (sí, a cambio de eso). 
 
Cómo me encantaría mostrarles una de estas notas con el nombre directo del portal, pero no me arriesgaré a que después uno de estos pasquines al servicio de quién sabe quien publique una nota irresponsable con algún titular paranoico como “Comunicador arremete contra “medios de comunicación ibaguereños”, estalla escándalo”.  El único escándalo que “estallaría” en la ciudad es el que ellos podrían crear en sus chimeneas.
 
Y es que cuando me encuentro con  estas notas, personalmente no bajo del asombro  de la poca seriedad con la que se refieren a sus importantísimas “fuentes” informativas: “Esto es lo que se dice en los corrillos, esto fue lo que denuciaron en los pasillos”.
 
¿Cuánta irresponsabilidad y daño se le hace al periodismo serio y contundente de Ibagué? ¿Cuánto daño le hacen estos señores a los que realmente preocupan por investigar, por hacer seguimiento y por ir hasta el fondo de una historia?
 
Si quisiera mostrarles, el ejemplo más cercano sería este:
 
Titular: Pepito Pérez se robó 120 terneros
Lead: Esta es la denuncia que al parecer hace Ricardo Pérez…
 
Según OR agencia, el 85% de los miembros activos en redes sociales en Ibagué apenas leen titulares mientras que el 15% le da click para leer la nota completa.  
 
Para ese 85% que lee el titular, Pepito Pérez es un ladrón y se quedará como ladrón por los siglos de los siglos, así se haya demostrado lo contrario.
 
El daño a la honra es inmenso. Cualquiera puede entonces culpar (léase bien), señalar y dañar la imagen y honra de quien en dado caso podría ser inocente.  Pero bueno, en este país somos expertos en juzgar por sospecha y no por hechos.
 
Para terminar, me acojo a Góngora quien escribió que al enfermo le place “seguir sombras y abrazar engaños” refiriéndose al lector masivo al que poco le importa que el periodista antes de hablar piense lo que dice y que carezca de rigor intelectual. 
 
Habría entonces que preguntarnos, ¿Hasta cuándo aquellos lectores le permitirán a los mencionados pasquines virtuales continuar con su información cizañera? ¿Cuándo veremos cómo los lectores ahogaran estos medios en el vació de Internet y se quedarán hablando solos?
 
Al final, el único que tiene el poder es el lector, el que está detrás del mouse, el que decide a qué darle click, y a qué en cambio ignorar.

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