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Acueducto alterno, el otro panóptico de Ibagué

Investigación
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A unos 45 minutos de Ibagué, en el sector de Coello – Cocora, en la vía hacia Cajamarca, está una de esas obras de infraestructura que reflejan el tipo de gobernantes que ha tenido Ibagué en los últimos años.

Se trata del tan mencionado acueducto alterno que realmente no sería alterno sino complementario de la bocatoma del Combeima, que muchas veces debe cerrarse por la turbiedad del agua y que deja a 120 mil usuarios sin servicio.

La construcción de esta bocatoma inició en el año 1996, en el gobierno del exalcalde Álvaro Ramírez, y el proyecto debió estar terminado en el 2001.

La idea es captar 800 litros por segundo del río Cocora y a través de una línea de conducción de 12 kilómetros traer el agua hasta una planta del IBAL en el sector de Boquerón. De allí, se conectaría posteriormente con los tanques de almacenamiento de La Pola.

Hoy, 18 años después la obra está casi en ruinas, una montaña amenaza con enterrar la bocatoma, la tubería está tirada en un  potrero, se han invertido cerca de 23 mil millones e Ibagué sigue con problemas en el suministro de agua.

Después de Álvaro Ramírez han pasado por la Alcaldía de Ibagué Carmen Inés Cruz, Jorge Tulio Rodríguez, Rubén Darío Rodríguez, Jesús María Botero y Luis H Rodríguez, y ninguno pudo terminar el proyecto. Luis H. dejará el cargo en 16 meses y tampoco entregará la obra.

Según Álvaro Ramírez, hoy diputado del Tolima, los exalcaldes Carmen Inés Cruz y Jorge Tulio Rodríguez decidieron no continuar con el proyecto y sólo se reactivó en el gobierno de Rubén Darío Rodríguez.
 En febrero del año 2004, Rubén Darío y su gerente del IBAL, Alfredo Bocanegra, radicaron un nuevo proyecto ante el entonces Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo para conseguir la financiación del acueducto complementario.

Tres años después, en el 2007, el Gobierno Nacional aprobó la iniciativa y continuó la construcción de la  bocatoma de Cocora. Luego, sale Rubén Darío Rodríguez y es elegido Jesús María Botero. La obra continuaba en marcha, bajo la dirección del ingeniero Alberto Girón, quien fue su primer gerente en el IBAL.

De acuerdo con Girón, el cronograma se estaba cumpliendo sin ningún contratiempo y el acueducto complementario estaría listo en abril del año 2011. La bocatoma estaba terminada y solo faltaba contratar la instalación de la línea de conducción hasta Boquerón, por 3.900 millones de pesos.

Pero vino otro lío. En junio de 2010, cuando estaba por adjudicarse la licitación, el exalcalde Jesús María Botero declaró insubsistente a Alberto Girón y nombró a Libardo Gutiérrez. Él, a los dos días de posesionado, suspendió el proceso y frenó el proyecto 17 meses.

Después, la licitación que Girón tenía por 3.900 millones de pesos salió nuevamente por 6.300 millones de pesos -en la gerencia de Libardo Gutiérrez- y el contrato se lo adjudicaron a la firma Acualterno, la misma que hoy libra controversias jurídicas con el IBAL y que es representada por el abogado Orlando Arciniegas, uno de los asesores más cercanos del alcalde Luis H. Rodríguez.

La conducción de los 12 kilómetros de tubería, que se licitó por 6.300 millones, le acaban de adicionar 3.000 millones más, pero Acualterno insiste en que el proyecto cuesta no 6.300 mil  sino 18 mil millones de pesos porque no algunos detalles que no quedaron claros en el contrato.
 Mientras tanto, Ibagué sigue sin agua, la obra se la está comiendo la naturaleza y los funcionarios que han pasado por triste historia administrativa siguen disfrutando de los cargos públicos o preparando sus campañas para regresar al poder.

¿Por qué pasa esto en Ibagué?

Todas las fuentes consultadas por ELOLFATO.COM, entre ellas el exgerente del IBAL Alberto Girón y el exalcalde Álvaro Ramírez, coinciden en señalar que esta negligencia histórica se ha dado por simple falta de voluntad política.

“Aquí cada alcalde llega a hacer lo que él considera y busca frenar los proyectos que inició su antecesor, sin importarle si la obra es bueno o necesaria”, dijo Ramírez.

Otro factor determinante es que los mandatarios elegidos los ibaguereños llegan a cumplir sus compromisos burocráticos, el IBAL ha sido un botín deseado por todas las casas políticas y los gerentes son rotados permanentemente.

Por ejemplo, en la historia más reciente, encontramos que Jorge Tulio Rodríguez tuvo cuatro gerentes del IBAL en su administración. Uno de ellos salió condenado por la justicia.

Después, Rubén Darío Rodríguez, cuando pertenecía al equipo de Mauricio Jaramillo, tuvo otros tres gerentes. Inició con Alfredo Bocanegra, pero su jefe político consideró que Bocanegra brillaba mucho en ese cargo y pidió que lo sacaran del IBAL. El exalcalde, que era en ese entonces obediente, y nombró al jaramillista Ancízar Carrillo. Luego,  le dieron la ´palomita´ a Adolfo Gómez, otro discípulo del exsenador liberal.

Continuó en la Alcaldía de Ibagué Jesús María Botero, quien tuvo como gerentes a Alberto Girón y a Libardo Gutiérrez, éste último terminó en líos con la Personería de Ibagué. A este exalcalde le debemos el lío de Acualterno.

Y finalmente, los ibaguereños eligieron a Luis H. Rodríguez, quien llegó al IBAL con Eduardo Bejarano. A los pocos meses Bejarano fue declarado insubsistente, el mismo estilo de su antecesor Chucho Botero. Después nombró a Carlos José Corral, un ingeniero de su entera confianza.

El abandono de la obra

En el recorrido que hicimos por el acueducto complementario de Cocora encontramos que poco a poco la montaña viene cediendo, ya enterró el cuarto de máquinas y un segundo talud ya golpeó una de las paredes del primer tanque.

Fernando Uribe, un respetado académico y dirigente agrícola del Tolima, sostiene que este acueducto está construido sobre dos fallas geológicas, una de ellas es la que atraviesa Ibagué.

No obstante, los ingenieros Alberto Girón, exgerente del IBAL, y Ricardo Salcedo, jefe operativo de la misma empresa, aseguran que el daño de las fallas geológicas se puede mitigar con obras de ingeniería que, vale la pena decir, no se han hecho.  Por eso es evidente que la montaña se sigue moviendo.

Este reportaje gráfico e histórico muestra que Ibagué no despertó como lo prometió uno de los exalcaldes, que tampoco se construyó el futuro como dijo otro, y que cada cuatro años los ibaguereños eligen mandatarios cortoplacistas, que piensan en sus cuatro años y entierran cualquier proyecto a largo plazo.

 

 
 
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