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A Julio César Montañez, un gran maestro

El profesor Montañez con un claro concepto sobre la vida, el hombre y la sociedad, ha compartido sus conocimientos con honestidad intelectual a través del semillero de filosofía del derecho, en el que ha propendido por la formación de estudiantes con una escala definida de valores y principios éticos, para que le puedan servir a la sociedad en la solución de grandes problemas.

Aprovecho este valioso espacio, para compartir las palabras de admiración y agradecimiento de algunos de sus estudiantes:

Kristhian Fabián Lozano: “la construcción más hermosa de la humanidad, no ha sido la arquitectura de sus obras físicas, sino, la sistematización del pensamiento. Montañez en su calidad de maestro ha esculpido las mentes de diferentes individuos y alumnos, conduciendo a la objetividad lógica del conocimiento; generándonos, por tanto, admiración por su labor desinteresada, ética y totalmente kantiana”.

John Alejandro Bermeo: “G. K. Chesterton dijo que: ‘una cosa muerta puede ir con la corriente, pero solo una cosa viva puede ir contra ella.’, el profesor y amigo, Montañez, nos ha dado el regalo del amor por la búsqueda del conocimiento, la vitalidad del propósito de superarnos, el ¡sapere aude! Kantiano, para tener el coraje de servirnos con nuestro propio entendimiento”.

Juan Manuel Barrero: “en su enseñanza siempre estuvo y está presente un énfasis constante en la importancia del saber, cuyo centro debe ser la ética. De nada sirve saberlo todo si se actúa mal. Ese es tal vez su legado más valioso”.

Andrés Bedoya C.: “al mejor estilo de los filósofos clásicos, el doctor Julio César nos ha compartido la idea de que somos lo que hacemos día a día, de que la excelencia es un hábito, pero ha sido su guía, uno de los hábitos que conducen a la excelencia”.

Daniela Escobar: “Gómez Dávila diría que: ‘el hombre cultivado no es el que anda cargado de contestaciones, sino el que es capaz de preguntas.’ Montañez, con la autenticidad que lo caracteriza, no pasa por la vida y mente de los demás sin sacudirlo todo y dejar al menos una”.

María Rengifo: “cómo olvidar aquella frase de Ficino que exclamó: ‘¡Conócete a ti misma, oh estirpe divina vestida de humano!’, la cual era recordada por nuestro maestro Montañez para que en nuestra vida cotidiana aplicáramos la mayéutica, y nos aproximáramos al ser, a través de la reflexión del pensamiento, donde reside la sabiduría”.

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