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7 X 7

Siete días de la semana productivos con siete días de control y autoridad permanente, sin necesidad de acudir a medidas de confinamiento y cierre total de las actividades comerciales y productivas de nuestra ciudad, no es una propuesta descabellada.  

Promover el debate activo y propositivo en este momento histórico que como ciudad-región vivimos es fundamental. Por ello, y sin mayor pretensión que la búsqueda de ser escuchado, como muchos sectores lo están reclamando, conviene que la administración municipal reflexione y evalúe si las medidas de confinamiento adoptadas, han sido realmente útiles, pertinentes y adecuadas para contener la propagación del COVID-19

Las cifras hablan por sí solas, razón suficiente para que el gobierno local de un giro a las estrategias para afrontar integralmente la pandemia. No vale la pena seguir sacrificando la lenta y progresiva reactivación económica que venía dándose en la capital Tolimense, bajo la falsa premisa que encerrados durante los fines de semana nos contagiamos menos

Si lo que se pretende ahora es copiar medidas de ciudades con características socio-económicas y administrativas diferentes a las nuestras, apelando a endurecer las restricciones en aquellas comunas donde se presentan los mayores índices de contagio, el Alcalde Municipal y su equipo de colaboradores deberá entender dos cosas:  

  1. El coronavirus no solo se propaga los fines de semana, el riesgo de contagio es permanente. De nada sirve endurecer las medidas de confinamiento durante los sábados, domingos o puentes festivos, si durante los demás días de la semana no se controlan las aglomeraciones.  
  2. La propagación no tiene su origen en los establecimientos comerciales. Recuerden que muchos de los que hoy están funcionando han tenido que cumplir con estrictos protocolos de bioseguridad exigidos por parte de la administración municipal para lograr su habilitación y poder desarrollar sus actividades, las cuáles, particularmente en el sector del comercio que representa más del 90% de nuestro tejido empresarial, los días sábado y domingo resultan ser los más productivos. 

El crecimiento en los focos de contagio se ha generado, principalmente, por la indisciplina e inconciencia ciudadana. Muchos Ibaguereños aún no han entendido la importancia que representa acatar las medidas de cuidado y autoprotección como estrategia para detener la acelerada propagación del virus. Es allí donde necesitamos endurecer el ejercicio de la autoridad y la sensibilización de la comunidad. Garrote y zanahoria como diría el Profesor Mockus.  

Del disenso surge el consenso, por eso resulta positivo, para la búsqueda de soluciones, que desde la Gobernación del Tolima manifiesten su preocupación en torno a los efectos negativos de las improvisadas medidas adoptadas en Ibagué, las cuales, evidentemente, no han sido armonizadas ni concertadas con los diferentes sectores económicos que conforman nuestro aparato productivo.   

Esto no es un simplemente un reproche de Fenalco, el sector textil, las empresas de turismo, los centros de acondicionamiento físico o del columnista contra el gobierno municipal. Es en realidad el grito desesperado de una ciudad que está al borde de caer a un abismo económico de profundidades inimaginables, que terminaría por detonar esa bomba atómica social a punto de estallar, dejando a Ibagué sumida en una crisis de la cual, difícilmente, podremos salir en el corto y mediano plazo. 

Señor alcalde, es momento de unir esfuerzos, articular acciones, armonizar decisiones y tomar correctivos por nuestra ciudad antes que sea demasiado tarde. Encerrados no vamos a lograrlo. Trabajemos todos por el 7 x 7.  

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